A prueba: VW Nivus. El que espera, desespera.

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Para Volkswagen, 2021 fue un año dedicado al Taos, pero en un mercado tan movido como el de las camionetas de este tamaño, la firma alemana tuvo que encontrar un hueco entre T-Cross y Taos para uno de silueta más ejém, grata y es una de las opciones más tecnológicas entre los B-SUV a la venta México: el Volkswagen Nivus.

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El Nivus comparte bastidor y caja de piezas con T-Cross, Virtus, Ibiza y Arona —incluso Audi con su A1. O sea, novedad, ya no es.

Así que Volkswagen puso sobre la mesa una SUV con más similitudes que diferencias respecto a la T-Cross, nomás con otra cara.

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El Nivus es 6.7 cm más largo que un T-Cross, pero 20 cm más corto que un Taos.

Todo comienza con un cofre más bajo y un frente parecido al de un Virtus y Polo. Le “bajan” la cintura para conseguir un aspecto similar al de un hatchback, pero con mayor altura respecto al piso y todo un círculo exterior de plástico sin pintar para que se note que es una tosca SUV.

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El tablero es prácticamente el mismo que T-Cross y Virtus. Cambia el color de algunas piezas y la pantalla de 10″ con interfaz VW Play. Como el resto de la gama, muy a la alemana aunque  sea sudamericana, tiene gráficos bien logrados y es fácil de usar para respuestas rápidas.

El resto de la cabina igual nos remonta al de T-Cross y Virtus. El cuadro de instrumentos digital, el tacto de las perillas y el diseño del volante ayudan, aunque los materiales sean obviamente de bajo costo. Exceptuando detalles en cuero, todo es plástico brillante y rígido, aunque mal acomodado porque genera reflejos incómodos en el parabrisas.

El Volkswagen Nivus que se venderá en México ofrece asistencias de conducción como alerta de colisión frontal con freno autónomo de emergencia y control de velocidad crucero adaptativo, monitor de punto ciego y también cuenta con seis airbags y control de estabilidad.

Al hablar de espacio y confort, mantiene las características de Virtus y T-Cross con buen espacio para piernas y para cabeza. Hay salidas de A/C traseras y un puerto USB de carga, pero no un descansabrazos central. La cajuela  es de 415 litros.

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La distinción principal está en el motor turbo de 1.0 litro y tres cilindros, generando 114 hp y 147 lb-pie. Luce arriba de las 2000 vueltas pero debajo de las 2000 rpm es una verdadera torta. Casi 11 segundos le toma alcanzar velocidad de carretera y se sienten eternos.

Los arranques le cuestan mucho trabajo, por lo que tarda en entrar el turbo. Pasar topes, realizar rebases o incorporarse a vías rápidas implica acelerar a fondo para hacer zumbar al turbocargador, para luego luego soltar el pedal una vez que el auto empieza a responder, para evitar que se lance como el gorras contra todo lo que tenga enfrente.

Si te acostumbras, bien, pero si no… la buena noticia es que el bloqueo electrónico de diferencial trabaja al centavo para mantener la tracción sobre el asfalto en caso de que mantengamos el pie a fondo cuando el turbo ya se vuelve loco.

Nivus se siente ligero, fácil de controlar y se apoya razonablemente en curvas, tanto por el trabajo de la suspensión, como por una dirección ligera. La amortiguación es blanda, con un sonoro ¡CLONK! firme al final, pero se entiende de maravilla con calles maltratadas. El proyecto fue desarrollado en Brasil, y ya sabemos cómo nos llegan las cosas desde allá, donde la calidad no importa mucho, mientras bailen samba.

Trae una caja auto-manual de seis velocidades con paletas al volante para los que creen que traen un coche de carreras. Que no lo es, ¿eh?

Pero como ya sabemos que los compradores de VW los siguen compre y compre sin jamás probar lo que ofrecen otras marcas, pues se creen los reyes del mundo sin darse cuenta que el mundo ya los rebasó.

 

Gabriel Novaro