OPINIÓN: ¿Se vale odiar las cajas CVT?

CVT: del inglés “Continuously Variable Transmission”, o sea, transmisión contínuamente variable. Pueden ser de operación mecánica o electrónica.
Funciona como dos poleas opuestas, cuyo huso en V (su canal interior) se angosta o ensancha. Entre estos se desliza una banda que sube o baja en el canal.

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Combinando el diámetro de ambas se logra cualquier relación de marcha, alterando la relación de giro entre una y otra.
Como si se tuvieran incontables engranajes, que cambian “resbalosamente” de una a otra, según demanda.

Las de segunda generación ofrecen un “simulacro” de cambio para que el usuario perciba que hubo un cambio real de engranaje.
No lo hay, solo son “brincos” programados en vez de un ascenso gradual.

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Al comprar un coche nuevo uno tiene que tomar muchos puntos en cuenta. El punto más importante casi siempre es el precio del auto y le sigue el consumo. Pero algo que debe tener el mismo impacto es la experiencia que brinda el coche en sí. Puede ser un gran equipo de sonido, puede ser la amplitud del espacio o la comodidad de los asientos. Al final vamos a pasar varias horas en el tráfico, más vale que sean lo más agradables posible. Para mí, lo más importante es la experiencia del manejo y en ese aspecto me gusta que el coche haga caso de lo que le pide uno inmediatamente. Ese es mi problema con las CVT.

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Entiendo la teoría detrás de ellas, pues son las únicas transmisiones capaces de mantener el motor constantemente en su punto más eficiente. Sé que incluso fueron prohibidas en la F1 en los ochentas por tener una ventaja contra la transmisión secuencial de aquel entonces. Pero más allá de los números, para mí se arruina completamente la experiencia. La ventaja de este tipo de transmisiones es que puede mantener una relación infinita de cambios, pero para lograr esto tiene que ir patinando. Cuando uno va a una velocidad constante y de pronto hay que acelerar para hacer un rebase, por ejemplo, hay que esperar lo que parece una eternidad a que las revoluciones suban a su punto eficiente para que el coche apenas comience a acelerar. Ya estando en su zona alegre, no me molesta tanto, aunque eso sí, se siente como ir en una lancha. Al desacelerar existe igualmente un efecto de liga donde al bajar las revoluciones, la transmisión “deja” de patinar y se siente que aun avanza un poco más de lo deseado, algo así como cuando cambiamos de velocidad y sacamos el clutch cuando las revoluciones aún están arriba en un coche manual.

(N. del Ed: No olvidemos que las cajas manuales también sufren de resbalamiento y pérdida de empuje en cada cambio, precisamente por la función del embrague al patinar, pero al gobernarlo el conductor, le da más sensación de control)

 

En un Honda City como el que probamos este mes, al ser un coche urbano (hasta su nombre lo grita), es el coche ideal para una CVT. El consumo gana, al menos en papel, pues la versión manual tiene un consumo combinado de 19km/l, mientras que en CVT ofrece 21km/l.

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También me desilusiona que en México siempre se ofrece únicamente la versión manual con el mínimo equipamiento. Al final, yo recomiendo que quienes vayan a usar un Honda City para ir al trabajo en el tráfico, recoger a los niños e ir a las compras, la versión CVT gana por donde le veamos, mi romanticismo por el manejo más puro no va a convencer a nadie. Pero quien salga a carretera ocasionalmente y no se quiera frustrar como yo con la falta de respuesta inmediata, consideren la opción manual.
Recuerden que si dejan de comprarlos, van a dejar de venderlos.

                                                                                 Santiago Montaño Isita