A prueba: Toyota Prius 2020

A FAVOR: Fantástico ahorro en combustible, aunque le damos más crédito a su eficiencia aerodinámica y ligereza, que a su configuración motriz.
EN CONTRA: … síguele leyendo

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Un exterior extraño, un desempeño decente, un interior que destantea por tantos colores y tantos sabores, comenzando por la rarísima palanca de cambios (¡azul!) que hay que acostumbrarse si no quieres hacer el papelón como le pasó a Herr Editor atorado y estorbando en una avenida principal sin poder meterle drive, jejeje, jojojo..

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Pero es que nunca supimos lo que quiere decir la B en la palanca. Le empujas y le jalas y no sucede nada. Y para colmo, está el otro botón gigante que pone P automáticamente y nadie quería usarlo. Herr Editor sí e hizo el papelón en avenida Plan de Ayala, la que tiene más tráfico.
Y claro, es que nadie más quiso hacer el otro papelón que es abrir la guantera y leer el manual.
Eso es como decir “no sé” y eso aquí en M/V es una palabra prohibida, jojojo.

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El Toyota Prius se ha convertido en la quintaesencia del híbrido y particularmente en los rumbos de la ciudad de México, donde el Prius sí circula diario, llueva truene o relampaguee. Por su experiencia en eso es que les ha mostrado el camino a los otros híbridos durante años. Tal vez el Hyundai Ioniq es más eficiente, el Honda Insight es más agradable para conducir, y aun de la misma de Toyota, los Corolla y Camry híbridos rinden igual  y quizá exigen menos atención de sus dueños. Además de que, la mera verdad, todos esos se ven menos exóticos y lucen más normales.

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Aun así, a pesar de que el Prius es la antítesis exacta del manejo por el puro placer y que su refinamiento es más o menos promedio para ese tipo de coches,  su cómoda cabina y fantástico goteo del combustible entregan justo lo que muchos compradores buscan. Y no olvidemos, además, que trae el emblema más respetado en cuanto a confiabilidad.

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Debemos reconocer que lució más su bajo consumo en planito y a paso largo, porque en el “stop-n-go” citadino, la verdad, siempre anda a gasolina y cada vez que le pedíamos que se pusiera en modo “solo eléctrico”, nos decía con su entretenida pero exagerada pantalla horizontal que “no tenía batería suficiente” para hacer eso y que ni hablar de cancelar el motor de gasolina por completo.
O, por lo menos, por un rato.
Nunca quiso y lo manejamos muchos días.
Nunca quiso.
Y ahí estaba el motor de gasolina arranque y arranque porque el eléctrico se desconectaba tras menos de un minuto y solo si no le pisabas. De otra forma, ni el minuto.

Pero bueno, eso entretiene a mucha gente -junto con la pantalla que te va diciendo qué motor esta operando y si está cargando o no. Y sepa cuántas cosas más decía prendiendo luces, encendiendo alarmas que nos dejaban rascándonos la cabeza y haciendo cosas raras todo el tiempo. Con eso, sus usuarios típicos se muestran fascinados. No entienden nada de nada, pero les divierte y se sienten muy ecológicos, que sí, esto último es verdad.

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Con el rejuvenecimiento facial que recibió el año pasado, ahora solo destaca una gran pantalla táctil de 7.0 pulgadas en lugar de la pantalla anterior de 6.1 pulgadas.

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Además, el modelo que probamos trae hasta la mano del metate en equipamiento y hasta vestiduras de cuero. Trae todo.
TODO. Recarga inalámbrica, asiento eléctrico, suponemos que Apple Play (no lo intentamos, no usamos iPhones acá en Cuernavaca) y esos detallitos críticos para un millenial pero no para nosotros… en fin, nos entiendes, ¿verdad?
TODO.

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Pero en lo que promete, lo cumple. Un tren de potencia que está cambiando de modo constantemente (para gran deleite del público a bordo), y con cambios que jamás se sienten (es CVT pero ni intenta disimularlo como otros)  y gasta poquísima gasolina.
No promete un manejo divertido y por eso no podemos criticarle que  no lo ofrece.
Pero confiable, seguro, entretenido y ecológico, eso sí lo hace todo. Aun así, el volanteo se siente ponderado y responde con precisión a lo que se le ordena, hasta que descubrimos que son sensaciones “creativas” que le pusieron aunque no tienen nada que ver con lo que pasa bajo el suelo. Un silencio hermético, que, repetimos, para muchos es el camino ideal.

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Si le sumamos que las llantas son de baja resistencia al rodamiento -como en todos los híbridos y eléctricos- pues uno viaja como entre nubes.

Y para muchos, eso es el fin final. Para ellos, este coche es el Nirvana. Para otros, simplemente está raro.