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El Cambio de Escape a una Triumph Tiger Sport

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Recién le cambié el escape a una de mis motos. La moto en cuestión es una Triumph Tiger Sport 2014.

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Como todas mis otras motos, esta tampoco la compré nueva, el mercado de motos usadas es muy bueno, solo basta esperar que algún incauto se haya comprado una moto y que llegue a su casa muy orgulloso a enseñársela a su esposa, para que en cuanto le diga cuánto pagó por ella, lo pongan de patitas en la calle a menos que entregue la factura.

Entonces, la esposa inmediatamente la pone a la venta en lo que el marido dijo que había pagado y ahí es donde viene la oportunidad de comprar una verdadera ganga.

Desde luego, hay varios escenarios, está quien ve la moto de sus sueños y piensa “¿Qué tan diferente puede ser comparado con andar en bici?¨” Entonces va, la compra, se sube, sale a dar la vuelta, siente la adrenalina de la velocidad, se le dibuja una sonrisa enorme en la cara, a cierto punto ya no trae el control, las cosas comienzan a suceder muy rápido y se lleva el susto de su vida. (Pregúntenle a Herr Editor).

Al día siguiente, hay otra moto que está a la venta y muy por debajo del precio por el que se compró (con tal de deshacerse de ese juguete del demonio).

De cualquier manera, de un modo o de otro siempre existe alguna muy buena opción de motos verdaderamente seminuevas.

Volviendo a la Tiger, esta venía con muy pocos kilómetros y solo una caída muy leve, un par de piezas raspadas y listo.  Venía con las maletas laterales sin usar, a las que les compré sus tapas del color del tanque. (Aquí quería escribir carrocería, pero realmente las motos no tienen carrocerías, y supongo que motocería no suena bien).

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¡La moto era perfecta! Nomás de verla se me cae la baba. El motor es una chulada, 3 cilindros en línea, una mezcla perfecta entre el torque de una bicilíndrica y el desempeño en alta de las tetracilíndricas deportivas, y el sonido, ¡uf!

La sensación de entrega de potencia comienza desde las 2000 RPM y de ahí hasta las 6000.

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A partir de ahí y hasta las 10,000 el empuje es más contundente. Esto con el escape original, el sonido es agradable y hasta bonito pero se escucha más el motor que el escape en sí.

Al cambiar al Two Brothers que me vendió un buen amigo, el sonido ahora se vuelve algo así como cuando a un cantante de ópera le madura la voz. Ahora es una experiencia casi, o mejor dicho, más que religiosa. Los caballos de fuerza al oído aumentan enormemente, la sonrisa que antes se dibujaba al manejar la moto, ahora se vuelve una expresión de alegría casi digna de un demente.

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Voy a confesar que no hice pruebas de aceleración con cronómetro. Primero que nada porque es muy difícil hacer eso en una moto y llevar a un pasajero para hacerlo le aumenta sustancialmente el peso y corre uno cierto riesgo de dejar al pasajero en la línea de salida, como caricatura de Speedy González.

La otra razón tiene que ver con la prudencia. Estos misiles son de mucho cuidado y la descarga de adrenalina que generan pueden hacerlo a uno perder la cordura, aunque puedo asegurar que hay una mejora importante en el desempeño en todo el rango de revoluciones y eso que no la he llevado a que le hagan una reprogramación al módulo de mando. En teoría, eso haría un cambio también muy importante.

Voy a cerrar diciendo que todo esto es muy bonito y divertido, pero hay que recordar que debemos andar siempre con todas las precauciones y equipo de seguridad.

Guarden distancia y manejen con prudencia. No se confíen de los semáforos y cuando uno va en moto, no hay ni derecho de paso ni preferencias. Uno es muy vulnerable y si quiere divertirse, primero hay que saber cuidarse.

                                                                        Francisco Montaño B.