¡Aquí está ya! Nuestra primera prueba del Nissan Sentra 2020. Antes de su lanzamiento oficial en el país, ya tenemos el reporte de manejo y sus características. ¿Bueno o malo? Juzga tú mismo leyendo la nota completa

Por arriba y por abajo se ve mucho mejor -mirando los fierros por debajo y admirando la silueta de costado- y promete mucho. Pero una vez al volante, nos damos cuenta de que la verdad…

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Superficialmente, el Nissan Sentra 2020 parece un pariente muy distante de su predecesor. Si acaso, claro, lo asociamos con sus hermanos mayores.
Es más elegante, tanto por dentro como por fuera y recibió algunas actualizaciones muy necesarias en la canasta de tecnologías a bordo.
También se beneficia de un nuevo motor.

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Pero incluso con estas importantes actualizaciones, el Sentra todavía se siente un paso detrás de sus competidores (que son muchos, también renovados y bien plantados cada uno en su tema).
Al igual que el más chirris Versa, el Sentra sufrió (¿gozó?) crecimiento en sus medidas, que lo dejaron cinco cm más chaparro y otro tanto más ancho que su predecesor.
Naturalmente, al cambiarle las dimensiones, la estética mejora (por eso las marcas siempre los van “creciendo”); desde la línea de cintura se aprecia una como casita de invernadero, tan de moda en “Casa Nissan” con su respectivo antifaz negro, y hasta el propio techo (ahora disponible como opción, con pintura contrastada, al menos en esta unidad proveniente de Aguascalientes para su venta en California, no sé si los de allá lo ofrecerán también) contribuyen a darle al Sentra una notablemente mejor apariencia.

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El Sentra 2020 es, sin duda, un vehículo atractivo, particularmente en la propuesta deportiva SR con llantas más “agarrosas” y rines opcionales de 18 pulgadas .
Sin embargo, aunque el exterior es agradable a la vista, la cabina adolece de dos defectos notables: los materiales que quizá varíen según la versión pero que en esta parecen propias de un modelo base, no de casi el tope de gama. Tela símil cuero que nomás no les salió bien (”truena” al sentarse), combinaciones bastante abigarradas y texturas en general como de plástico rasposo. Una excepción positiva son las costuras en el tablero, que les salieron preciosas y parecen de a deveras.

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Pero el resto empaña el resultado.
¿Qué les pasó, señores japoneses? ¿No que ahora sí iban en serio a recuperarse del descalabro financiero del 2019 que ya casi los saca de la jugada?

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En segundo lugar, el Sentra es ruidoso al rodar. Se oye (y gachísimo) el hule al tocar y soltar piso, como que no hay bujes de aislamiento en los brazos ejecutores de la suspensión que, vista en esquema, se ve preciosa. Pero a la hora de rodar se siente ruda y rasposa.

También silban las ventanillas al grado que parecía que veníamos anunciando a chiflidos nuestra llegada al Valle de la Muerte, ese desierto silencioso que no perdona nada y casi el único lugar por aquí donde podemos meterle fuerte sin que nos persiga una patrulla.
Al grado que la comunicación verbal entre los dos que íbamos a bordo se dificultaba.
A diferencia del Versa más chico y que me es muy familiar, literalmente, pues es el que tengo en mi cochera allá en la colonia San José Insurgentes donde vivo parte del año, al menos el Sentra ofrece un amplio espacio para pasajeros para ayudar a aliviar algo de ese ruido exterior.

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Ambos asientos delanteros son extremadamente espaciosos, están geniales y el asiento trasero es lo suficientemente grande como para invitar a pasear a Herr Editor cuando venga. (Te prometo que ya cambié el sofá-cama donde duermes cuando vienes).

El espacio para la cabeza es también generoso (casi 84 cm de asiento al raso) y el espacio para las piernas todavía más con 94 cm que rivalizan con cualquier otra cosa en su clase. La cabina, pues, y a pesar de sus fallas más bien de ruidos, es al menos un lugar cómodo para sentarse por largos ratos.
El motor del anterior, que era de 1.8 litros en cuatro cilindros se fortalece con un robusto 2.0 litros, que eroga 149 caballos de fuerza y 146 libras/pie de torque. Eso es un 20 por ciento de aumento en potencia y un 16 por ciento de aumento en el torque. ¡Un chorro! Esta combinación sumada a la última versión de la transmisión continuamente variable (Xtronic, le dicen) de Nissan, sonaría a una configuración muy competente, pero al pisarle con ganas, descubrimos que está lejos de ser emocionante. Ni meneándole a la palanca ni gritándole nos hacía caso.

Floor it! me gritaba mi pocho compañero de viaje del San Diego Chronicle (qué mamón, si es primo mío y más mexicano que el pulque).
Pero los dos nos quedábamos mirando como diciendo WTF? mientras tristes Corollas y hasta un Chevrolet viejito nos rebasaban.

Rápido, lo que se llama rápido, el Sentra no es. La fuerza como la de Star Wars llega lentamente y la CVT todo el tiempo va haciendo un molesto quejido metálico cada vez que le hundíamos fuerte y largo al pedal…
Floor it, my foot! Ya mero traspasamos el piso y nada.

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En comparación con alternativas en su clase, el 2.0 litros se siente anticuado, decepcionante y francamente nos deja sin encontrar los susodichos caballos. O las prometidas libras.
Y eso que nos consta que Nissan sabe cómo hacer un adecuado “combo” con las CVT (desde las XTrail anteriores y hoy en el Máxima), las actualizaciones a la Xtronic CVT de alguna manera se sienten peor que nunca. No solamente es ruidosa, sino verdaderamente muy floja (de flojera) no respondiendo a lo requerido oportuna y eficazmente. Ya en Nevada y una vez encarrerado, tiene suficiente potencia. Ahí caímos en cuenta que el problema estaba en las libras, no en los cuacos. O que sus reglajes electrónicos regañan al tren motriz si comienza a buscar diversión en vez de ahorro.

Utiliza una plataforma totalmente nueva, compartida con el Sylphy del mercado chino, y de ahí el Sentra recibe su tesoro más preciado, una suspensión trasera independiente y una configuración de dirección asistida con más alta relación y por ende más rápida.
Los inges de Nissan nos presumieron que este casco ofrece “más deportividad” en comparación con sus hermanos de camada y dinámicamente hablando, probablemente sea cierto.
(No hemos manejado el Sylphy pero visto así, ya ni se nos antoja).

Con estos elementos de control, el Sentra muestra una muy decente agilidad y estabilidad lineal aun con vientos en contra y desde luego, con buen agarre en las curvas. La bajada de las montañas fue casi deliciosa. No, seamos justos, realmente deliciosa, pero era de bajada.
En todo caso se siente una notoria desconexión entre la dirección eléctrica (y electrónica, por su gobierno) y el volante.
Es decir, aunque el bastidor se revela bien acomodado al piso, aquél se vuelve insensible, no nos va diciendo nada y va de plano evitando darnos cualquier retroalimentación con la que podamos aprovechar las manos abanicando al volante.
Cierto, no es un coche deportivo, pero esperábamos mucho más. Como que el nuevo Sentra pintaba para ser el abanderado del renacimiento de la marca oriental.
No hablaremos del equipamiento porque desconocemos las variaciones entre los modelos que se venden de ambos lados de la frontera. Y, además, eso siempre nos ha valido gorro. Como dice Gabriel Novaro en su video que yo apenas acabo de ver en YouTube, “esas son cosas que se les ponen a los coches. No SON el coche”.
Y uno no puede juzgar mejor o peor la belleza de una mujer nomás porque traiga vestido rojo o negro.
Son “cosas”, no es “ella”.

Finalizando, (ah, qué gusto poder decir aquí lo que se me da la gana, cosa que en el diario no porque hay que respetar el cuaderno de estilo y el resultado puede ser muy rígido, pero ni modo, así son los primos) el nuevo Sentra hace una declaración más que elegante en su diseño y presume una cómoda aunque ruidosa cabina.
Esta es indiscutiblemente la mejor generación del casco “B” de Nissan (¿será la B15 o 18? ya perdimos la cuenta) hasta la fecha.

Pero el Sentra 2020 se queda corto en áreas clave.
Es ruidoso, poco refinado, y no es la opción más eficiente ni más asequible de su clase, a pesar de sus características completamente nuevas. En un segmento maduro con muy buenos participantes, al Sentra “se le asoma el fondo” como decía mi mamá de las chicas que no embonaban en ciertos eventos por encima de su clase.
Y eso, específicamente en estos exigentes tiempos, es algo que ya no debe suceder.

Ramón Rodríguez G.