¿De veras ahí vienen los eléctricos? La realidad confronta a la fantasía

Fabricar un eléctrico requiere 50% menos de espacio y equipo fabril y 30% menos de mano de obra

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Ha sido un año difícil para la industria automotriz. Las ventas globales han caído 5% y el mercado alguna vez candente de China vive un declive. Las ganancias en gran parte se han estancado. Los vehículos autónomos, el objeto más resplandeciente de la industria, necesitan más dólares y años para pasar del sueño a la realidad.
No es de sorprender que los ejecutivos automotrices desde Yokohama hasta Wolfsburg y Detroit hayan anunciado casi 75 mil despidos, a cuentagotas, durante el último año. Un ejecutivo automotriz de alto nivel dijo que no hay tal cosa cono “estabilidad” en el negocio de los autos, o creces o recortas.

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Este reajuste es diferente. No es impulsado por guerras para ganar participación de mercado, conmociones petroleras o una crisis económica, sino por la creencia de que los autos eléctricos pronto verán un auge.
Pero hasta el 2019, los vehículos eléctricos cuestan más que sus contrapartes que funcionan con gasolina, su recarga es engorrosa y se venden menos en Estados Unidos que el Camry de Toyota. Por cada ocho camionetas tipo pickup vendidas en Estados Unidos hay un solo vehículo enchufable vendido (muchos de los “eléctricos” usan un motor convencional además de batería).

Aun así, las compañías se preparan para la era eléctrica al recortar su número de trabajadores. Esto se hace en parte para ahorrar dinero necesario para desarrollo, pero es principalmente para prepararse para un proceso de diseño y producción de vehículos que será, como se dice en Silicon Valley, “ligero en activos”.
Los vehículos eléctricos (VEs) son menos complejos que sus rivales que funcionan con gasolina o diésel y requieren menos partes, personas y proveedores. Ford Motor Co., que el mes pasado presentó un vehículo eléctrico que causó sensación mundial, cree que se necesitará 30% menos horas de mano de obra y 50% menos espacio de fábrica para los autos de batería.

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El Mach E, una camioneta SUV eléctrica inspirada en el auto deportivo Mustang y primer contendiente legítimo para Tesla, no tiene previsto llegar masivamente al mercado hasta fines del próximo año. Cuando lo haga, el límite de capacidad de 50 mil vehículos representará solo una fracción de los millones de vehículos en ventas anuales de Ford.

Esta, la compañía más avanzada y avezada en el tema, tendría que recortar 7 mil empleos para contruir eficientemente su gama planeada de 16 vehículos eléctricos.

Ford seguramente conservará en su nómina a los trabajadores que saben cómo producir camionetas tipo pickup que funcionan con gasolina y generan dinero, hasta que algunos miles de compradores de eléctricos más, se le unan en el futuro.

Poniéndolo en claro, hasta el ejecutivo automotriz más inteligente no tiene ni idea de cuándo se dará la revolución de los VEs.
Podría ser el 2025, o podría ser hasta el 2050. Hasta la fecha, el apetito del cliente por las grandes camionetas y vehículos deportivos utilitarios que operan con gasolina barata ha dominado el mercado. El estruendo de un motor y la conveniencia de una gasolinera se ha impuesto sobre reguladores y ambientalistas que nos dicen que el mundo se derretirá si no optamos por lo eléctrico.
La pregunta para los ejecutivos automotrices: si despiden a la gente que sabe cómo hacer lo que los clientes quieren comprar, ¿qué les queda? Sólo gente que hace cosas que nadie quiere comprar.
Este es el tipo de problema al que todos los directores ejecutivos tienen que hacerle frente en algún momento. Así como nadie está a salvo de la disrupción, nadie tiene una bola de cristal.

La expectativa generada por los autos eléctricos persiste, incluso al tiempo que los fabricantes automotrices pierden dinero con ellos. Por ejemplo, en medio de un precio de 4 dólares por galón de gasolina a principios de la década, General Motors Co. pronosticó que tendría 500 mil autos eléctricos en circulación para el 2017. Ni remotamente se acercó al cálculo. Eso llegó después de que Nissan también erró en su objetivo de vender un millón de VEs para el 2016.
No fue hasta mediados del 2018 cuando el mercado de Estados Unidos alcanzó la marca del millón de VEs, de acuerdo con Edison Electric Institute, y cada venta fue estimulada por al menos 7 mil 500 dólares en incentivos fiscales. Incluso California, un Estado conocido por sus estándares ecológicos, reporta que menos del 6% de los vehículos vendidos funcionan con baterías.
Los fabricantes de autos, al mismo tiempo, han elevado los números de ahorro de combustible en los autos, camiones y SUVs convencionales al usar turbocargadores, materiales más ligeros y motores más pequeños. Esto ha hecho mucho para complacer a reguladores y clientes que exigen mejor eficiencia.
Y no obstante, casi todo ejecutivo automotriz en el mundo vuelve a pronosticar que los VEs pronto dominarán el mercado global. Casi todos los fabricantes de autos lanzarán varios autos eléctricos, sí, sin duda.

Pero ¿cómo afectará esto a la industria y a los usuarios?

Hay que subirse al tren, que va arrancando.
Pero… ¿sabe alguien la estación de destino o a qué hora llegaremos?

WSJ/JDS/Staff