No hay coche más barato, que un auto de lujo usado

Para empezar, no todas las marcas de lujo son premium, ni viceversa.
En otras palabras, ¿cuánto estás dispuesto a perder a cambio del lujo?

 

 

Hay mucha confusión acerca de cuáles son las marcas de lujo y cuáles las marcas premium. Y en gran medida, ahora sí es más bien culpa de los malos entendedores.

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Si bien los mercadólogos contratados por las filiales mexicanas de las marcas usan un término o el otro sin saber distinguirlos entre sí, es un fenómeno nuevo y meramente mercadológico, ya que hasta hace poco hasta la AMIA y organismos similares solo definían a los topes de gama como marcas de “lujo” a las que superaban un precio promedio y porque contaban con el “aderezo” de que “son o contienen elementos lujosos”  lo cual es un absurdo que cualquiera puede manipular a su antojo.
Y de todas maneras, “premium” no quiere decir lujo, sino premio, que recibes más de lo que pagas, cualquiera que sea su nivel; pero eso es harina de otro pastel y tema para otro día.

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Era imprescindible definir lo anterior para entrar en la materia propuesta en el encabezado.

Los autos de lujo (no así los “premium”) son una inversión bastante mala. La caída brutal de su precio de reventa es aún más notoria en las marcas que se apoyan más en una cualidad que las sitúa arbitrariamente por encima de las demás, y -aquí entramos en terreno escabroso- siendo las más culpables las marcas europeas, cuyo único o principal sustento es (desde el punto de vista comercial) un carácter suntuario.

Si dichas marcas, como Mercedes-Benz o Audi o Jaguar trataran de destacar su producto tal y como hacen en Europa, destacando su calidad, desempeño especial o bienhechura y no su imagen suntuaria, esta nota no tendría razón de ser.

Porque una vez consumido su principal ingrediente (la ostentación) el auto, una vez que ha pisado la calle, pierde un brutal porcentaje de su valor (ojo: no solo de su precio, sino “valor”, su atractivo financiero).
Se convierte en un simple auto usado -o hasta viejo- igual que cualquier otro. Pero que dado que por él se había pagado un sobreprecio casi siempre exorbitante, la caída es brutal y financieramente se convierte en una pesadilla.

La mejor ganga, en otras palabras, es comprar un Mercedes o un Audi con algunos años encima, porque su verdadero punto de interés (que es la calidad y contenido a un nivel superior que los autos normales) sigue vigente. Y bueno, será barato para el comprador, pero para el vendedor, un desastre.

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Casos interesantes, aunque cada uno a su manera, se presentan con otras marcas consideradas de lujo, como BMW, cuya principal fortaleza es su manejo profesional, al menos en los modelos que no han caído en la tentación de ser vistos como simple objeto de presunción (por su precio, no por sus cualidades) lo que malamente les ha otorgado un público ignorante que solo sabe medirlos por su precio original y no por lo que realmente son. En otras palabras, el buen desempeño sigue, el precio no.

infiniti

Otro caso con variaciones es el de los autos orientales subidos de escalón a fuerzas, como Infiniti, Acura y similares. Estos se cuecen aparte porque pocos compradores originales les dan cabalmente razón de un reconocimiento especial. Son versiones equipadas de coches japoneses comunes y corrientes. Y punto. Es más, casi casi podríamos adivinar que su comprador entró buscando un Maxima y el vendedor hábilmente se lo llevó al rincón de los “de lujo”.
Nadie quiere imaginar un Nissan de lujo solo porque trae emblemas de Infiniti y equipamiento adicional. El equipo que se le ponga no significa lujo automático, solo un mayor equipamiento. Dicho de otra forma, estos nunca aportaron (ni de nuevos) algo excepcional. Solo se las dejaron ir con un precio más alto.

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Finalmente, las marcas americanas de lujo también se desprenden de este fenómeno porque de entrada son más genuinas: son modificaciones evidentes de plataformas convencionales y sus precios originales también lo son. Así que sus precios de reventa, una vez rodados, no caerán tan estrepitosamente como sus contrapartes señalados arriba.

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Hay excepciones, por supuesto, como el Lincoln Continental que no comparte casco con ningun hermano menor y eso lo sitúa en la envidiable posición de ser un clásico permanente, igual que lo fueron los Lincoln de mismo nombre hace ya décadas y que siguen resultando una excelente inversión o hasta objetos de subastas millonarias.

volvo-XC90

A propósito hemos dejado afuera (del segmento de lujo) a marcas que algunos despistados consideran lujosas, sin serlo, como Volvo. En sus mercados de origen, se le considera como un “buen caballo de trabajo” al que para algunos mercados -generalmente los menos sofisticados- se le han adosado comodidades y promesas de seguridad extra que, como ya vimos, despistan a los villamelones, pero no lo hacen subir el escalón.

No faltará, apostamos, quien declare su total inconformidad con lo aquí expuesto, lo que es muy su derecho, si bien en general son opiniones de quienes juzgan nada más por las apariencias y no saben mirar metal adentro.

 

 

 

2 comentarios sobre “No hay coche más barato, que un auto de lujo usado

  1. Hay varios hechos que se obviaron en este muy bien explicado reportaje: 1. los coches ya no están hechos para durar para siempre, 2. el nivel de calidad generalizada en la industria va a la alza y 3. los avances tecnológicos llegan a los modelos nuevos mucho mas pronto que nunca antes. Explico: 1. Tanta conexión electrica, arnés de múltiple comunicación, material reutilizado o reutilizable le dan un componente de obsolescencia, dirán los mal pensados, programada que limita la vida vida útil del coche o al menos su confiabilidad. 2. Cualquier coche intermedio de mercado global, con bolsas de aire, programas de estabilidad, sistemas de infoentretenimiento, conectividad inalambrica e insonorización estándar es ya mucho mas cómodo que un coche de lujo de hace 10-15 años. 3. En 5 años vamos a ver una revolución en esta industria, tanto en sistemas de propulsión, seguridad activa y componentes mecánicos. Apostarle a comprar un coche con varios años encima y esperar que se mantenga actual en esta perspectiva, es una apuesta perdida. Y un extra, reparar un coche de estos, es carísimo, y se va a descomponer, si o si. Por todo esto opino que la peor compra razonada que se puede hacer hoy día, es un coche “de lujo” o “premium” usado (viejo). Sigan con este trabajo, muy bueno.

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