Audi finalmente lanzó el SQ8, la versión más deportiva del “coupé-SUV” Q8. Que a su vez usa el 4.0 del SQ7¿Ya te hiciste bolas?

Jinetea 429 caballos. Pero también genera la friolera de 664 lb / ft de torque, enormemente elevado

Después de un video espía bastante revelador el año pasado, aparece el SQ8, la versión más deportiva del modelo Q8 coupé-SUV. Como uno de los modelos ‘S’ de la marca alemana, ya esperábamos bastante de las cifras energéticas del SQ8.

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En el exterior, el Audi SQ8 lleva el estilo típico de lo que ellos llaman “SUV coupé”, aunque alborotado con piezas específicas, como las puntas de escape cuádruples, entradas de aire rediseñadas y rines opcionales de 22 pulgadas. En el interior, los asientos del SQ8 se visten de cuero con adornos de Alcantara y logotipos S grabados. Los pedales de acero inoxidable y las incrustaciones en el estribo de aluminio de la puerta, completan el diseño de la cabina.

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Es impulsado por el mismo V8 diésel de cuatro litros con doble turbo del Audi SQ7. Con eso dicho, el SQ8 produce un chorracatal de 429 caballos de fuerza y un par-motor de 664 libras-pie que saltan al emparrillado desde las mil rpm. Estas apantalladoras cifras se envían a las cuatro ruedas a través de una transmisión automática de ocho velocidades (le sobran dos, a nuestro gusto, pero si quieres romper récords de abstinencia, pues ahí están).

El sistema “híbrido suave” (otro nombrecito inventado por la industria) de la SQ8 está diseñado para mover la camionetota a velocidades de hasta 25 km/h. La energía se desprende de una batería de iones de litio de 48 V, que también alimenta el compresor eléctrico que a su vez asiste a los turbocompresores a bajas revoluciones y se encarga de ayudar a la aceleración a baja velocidad. O sea, toda una confusión, no?

Alcanza los 100 km/h en 4.8 segundos y logra una velocidad máxima (limitada electrónicamente) del orden ya usual de 250 km/h. El frenaje está a cargo de cuatro discos cerámicos -“a la fibra de carbono” como si fuera un platillo- que ya vienen estándar con las pinzas rojas para que no les queden dudas a los mirones a los que les quieras presumir.