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Hace casi 30 años ya cumplíamos casi 10 de andar en el cerro. Bueno, en el asfalto entre montañas. Al volante de lo que fuera.

Esta es una portada de 1990, cuando nos dimos el lujo de reunir a los fabricantes mexicanos de réplicas/autos hechos a mano.

Incluso nos llevamos la sorpresa de ver algunos -como el Spyder 550 idéntico al en el que se mató James Dean- que le roncaban durísimo y hasta nos mareaban allá arriba del Ajusco.

Ahí también ven un Karmann hechizo, un Austin Healey que estaba MEJOR que uno recién salido de fábrica en Gran Bretaña y hasta un Shelby Cobra con un motorzote que, si no nos traiciona la memoria, era un verdadero 428.

Salvo el Karmann (que nos lo enjaretaron a fuerzas para prestarnos uno de los buenos) los demás eran unas verdaderas joyas, no solo de apariencia y terminados sino de desempeño.

Otro detalle destacable es el crayolazo sobre la portada con la suma total de devoluciones que recibíamos.

Ni Sanborns ni DIMSA (la selecta distribuidora de revistas importadas o “de interés especial” como M/V, la ÚNICA mexicana que distribuían) podían creer el exitazo.
Ni mucho menos nosotros mismos.
¿De veras les gusta leernos?, nos preguntábamos.

En este ejemplo, la devolución recibida fue de 12 ejemplares de un total de 3,000 (menos del 1%) que sacamos a la venta. (En 1982 nuestro primer “tiro” fue de apenas mil y cuando nos los entregó la imprenta, no sabíamos qué hacer con tanta revista.
Pero la casi nula devolución demostró que no andábamos errados (tampoco herrados). En general, se agotaba en la primera semana.
Increíble, pues el promedio normal (como las revistas TIME, GQ y otras) rondaba entre 30 y 35%.

Al ver eso, luego luego subimos el tiraje a 5,000 ¡y el numerito se repitió!

Seguimos probando, aumentando de 5 mil en 5 mil, y cada trimestre de entre las piedras aparecían 5 mil nuevos lectores “out of the blue”.

Al terminar el ciclo de las impresas en papel, tirábamos 35,000 y ya para la despedida de la impresión en  papel  -durante nuestro festejo de 25° aniversario- fue de 50,000.

25 aniv y unos buenos y otros malos

Y nos quedamos con un ejemplar para cada uno, que todavía tenemos.

Con frecuencia, Sanborns a medio mes nos pedía más pero ya no teníamos; nunca fuimos ricos ni mucho menos menos previsores, así que había que planear e imprimir todas de un jalón para abatir su precio.

Ese era el problema de imprimir en offset o rotativa; por eso fuimos también los primeros en salir con una revista digital. Por el puro gusto de manejar y escribir de coches.

¡Éramos un club de entusiastas, no un negocio de periodismo!
Y nos enorgullece decir que lo seguimos siendo. Incluidos la mayoría de ustedes, amigos lectores y seguidores.

Confesamos que, al convertirnos a digital, nos falló la logística.
Al imprimir la última no sabíamos, y no les avisamos, que la siguiente ya sería digital (los costos habían subido mucho y descubrimos la naciente opción digital, todo en cosa de días) y salimos al aire así como el Gorras. O Borras. A lo tarugo, pues, y nadie se enteró.

Tardamos unos tres años en que nos redescubrieran (no había redes como hoy) y comenzaran algunos anuncios. Así que durante casi 4 años, herr Editor se tuvo que defender con otras chambas, hasta organizando la logística de una cía. de mudanzas afroamericana en Philadephia, operando desde aquí y usando teléfonos satelitales, o arengando a jueces califonianos para que apresuraran juicios en defensa de trabajadores agrícolas migrantes que habían sufrido un accidente, o traduciendo textos ¡incluyendo manuales religiosos musulmanes! (y para sus pulgas) porque de alguna manera había que sacar para los frijoles.

Todavía hoy, a veces arrastramos de nuevo la cobija porquecomo saben, varias marcas de autos no nos quieren ver ni en pintura por aquello de que no somos “gobernables”. Ni no dan anuncios y a veces nos cuesta conseguir los autos para pruebas.

Pero finalmente, subsistimos y hoy la revista supera los 60 mil envíos que, sumados a los que nos siguen en redes, M/V llega a cien mil pares de ojos cada mes leyendo, opinando y hasta echándonos la aburridora.

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De eso se trataba cuando Herr Editor renunció a su chamba, abrió su oficinita el 20 de noviembre de 1982 en Chimalistac y apostó a que en México existirían muchos otros interesados por los coches, como él y como el puñado de fundadores, que en diciembre se aparecieron ahí a colaborar cuando vieron que había salido un Número 1 de la primera revista mexicana de autos, que se sigue publicando ininterrumpidamente desde entonces hasta hoy. Gracias por seguirnos leyendo, por cualquiera de nuestros canales.

 

 

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