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Nissan y Renault atraviesan por dos tragos amargos: la captura de su jefe y la erosión de sus productos.  

Aún no se define la situación de Carlos Ghosn ante las autoridades japonesas.

Cualquier acusación de malversación, si está  bien fundada, puede acabar rápidamente con la trayectoria de un CEO. La semana pasada, el titán de la industria automotriz Carlos Ghosn se convirtió en el más reciente en una línea de líderes corporativos acusados de falsear sus gastos cuando Nissan Motor Co. señaló que Ghosn había reportado un sueldo más bajo que el real, y además que malversó activos de la compañía.

Ghosn, quien presidía la alianza de los fabricantes automotrices
Nissan, Mitsubishi Motors Corp. y Renault SA, fue arrestado en Japón el lunes de la semana pasada por presuntas irregularidades financieras.

Nissan Mexicana prontamente emitió un comunicado deslindándose de su relación con la situación. Y por supuesto, nadie acusa a la firma en nuestro país, excepto por un severo deterioro del valor percibido del producto, que podría asumirse como una consecuencia directa de órdenes superiores sin que quede claro a qué nivel.

Una persona familiarizada con la investigación de Nissan contra Ghosn reveló que la compañía descubrió que el ejecutivo había utilizado una subsidiaria en los Países Bajos (Holanda) para gastar cerca de 18 millones de dólares para adquirir y renovar residencias personales.

Ghosn, quien no ha sido aún acusado de algún delito, no pudo ser contactado para obtener sus comentarios. Su familia argumenta que cree que las residencias eran alojamientos corporativos y que su adquisición pasó por los canales normales para su aprobación en Nissan, explicó un allegado cercano. *

Mientras tanto, Renault aparentemente mantiene a Ghosn en su nómina pero al mismo tiempo anunció que Thierry Bolloré fungirá como CEO interino y que Philippe Lagayette encabezará las juntas de consejo “durante este lapso”, aunque sin especificar el significado de dicho período.

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