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Cómo mantener en alto el prestigio de una marca

Análisis de un lector sobre este fenómeno

Este reportaje nos fue enviado por un experimentado lector y seguidor de
Motor y Volante, que observa, apunta y comparte sus reflexiones.

 

Es curioso como han cambiado los tiempos. Hace unos años, quizás 20, las marcas Mercedes Benz, Porsche, BMW, Lincoln o Cadillac nos sugerían imágenes de exclusividad, de éxito y de poder económico. Sin embargo, cada vez más estos otrora poderosos emblemas son fáciles de encontrar en cualquier colonia de nuestro país, perdiendo el carácter de limitado que debe acompañarlos.

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Sorprendentemente, el fenómeno va ligado a una moda llamada SUVs. Si abrimos el portal de ventas por Internet Mercado Libre nos podremos dar cuenta de la gran cantidad de ofertas de este tipo de vehículos. En términos económicos sabemos que, a mayor oferta, los precios de los productos bajan y eso es exactamente lo que ha pasado en el caso que expongo.

Hoy hay camionetas Mercedes Benz Clase M de los años 1998 al 2000 con precios de 58 a 65 mil pesos y ni que decir de los problemáticos Clase A que lucen arrumbados en las calles con una gran estrella de tres puntas en el cofre; los primeros BMW (’95 a ‘99) se han vuelto un “nicho” apetitoso para zapateros y hasta chavos banda si uno juzga por los barrios modestos en Cuernavaca, según reporta Herr Editor.

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Sí, hoy es muy probable que encuentres una camioneta de estas marcas en zonas que no son precisamente de alto nivel adquisitivo.

Hace unos meses, puebleando por Guanajuato, pude ver decenas de Lincoln Navigator y Cadillac Escalade de modelos de finales de los noventa con grandes rines cromados, alfombra en el tablero y calcomanías en la carrocería, conducidas por chavos con gorra con la visera de lado, con música a alto volumen. Los precios de estas unidades en el mencionado portal de Internet son de entre 40 a 60 mil pesos. Es de imaginar quiénes las estrenaron y luego las desecharon ¿no?

Incluso, quizá de ahí su éxito con esos chavos, que quieren emular a sus “héroes” narcos.

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Me encantan los nuevos Navigator y Continental, pero ¿cuál sería el sentido de pagar 100 mil dólares por ellos si los autos de la marca inundan rancherías? Sin ir más lejos, el maestro albañil que hizo una obra en un condominio cercano a mi domicilio en Querétaro traía un Lincoln MKZ negro cargado con costales de cemento y ladrillo en el asiento trasero y la cajuela. Lincoln y Cadillac apuntan a un cliente que ya no los aprecia y ya no los busca.

El pasado mes de julio la marca de ropa Burberry destruyó el inventario de mercancía que no logró vender el año pasado. Si bien fue muy criticada la acción, la empresa informó que lo hizo para proteger a la marca e impedir que los artículos fueran rematados a precios por debajo de lo que debían costar. Es un ejercicio que busca que sigan teniendo exclusividad y que su cliente objetivo no cambie.

Un principio en las ventas es dar seguimiento a los clientes y crear lealtad hacia una marca o producto. Pienso que cada una de las armadoras de autos de gran lujo debería pensar en re comprar los autos de sus clientes -pagando por ellos un precio justo- y aplicar la fórmula de Burberry.

Sería preferible destruir esos autos que ya no garantizan que el nombre y reputación de su marca -tan cuidadosamente enaltecida por décadas- a fin de que se conserven en las manos apropiadas y no en unas indeseables.

Héctor Sánchez Fregoso

 

 

 

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