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A prueba: LINCOLN NAVIGATOR 2019

Los tiempos cambian.
Todo evoluciona.
Y los automóviles y los mercados lo hacen también.

 

(Tomado de la revista de este mes)

Hace años, el mercado automotriz era primordialmente de coches. Había sedanes, coupés, dos puertas, 4 puertas, hatch backs, deportivos, etc. Para familias numerosas había “guayines” o “station wagons”, versiones más grandes de sedanes 4 puertas.
Y para quienes necesitaban más, había camionetotas grandes con 7, 8 y 9 asientos, habiendo sido la pionera la Suburban de GM.
Estas últimas camionetas eran de ventas limitadas, con usos bastante específicos y regularmente eran austeras.

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Su base eran las pick ups de tamaño completo, basadas en un chasís de largueros a los que se les añadía una carrocería por encima. En unos casos con batea y en otros con asientos y cajuela.
Pero como comento líneas arriba, los tiempos y los mercados cambian. Las camionetotas denominadas en EEUU como “SUV”, por Sport Utility Vehicle (que, por cierto, nada tenían de Sport), comenzaron a popularizarse más y más y a volverse lujosas. Pasaron de ser vehículos utilitarios a otros con toda clase de lujos y comodidades. Pero siguieron basados en las mencionadas pick ups.

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Al seguir popularizándose el concepto, las diferentes marcas comenzaron a ofrecer una gama cada vez mayor de “camionetas” y el consumidor ha ido incorporando el concepto por encima del sedán tradicional. Uno de los factores que más ha influido en el cambio es el de la altura y posición de manejo, más alta que la de un coche, lo que le da a quien maneja una sensación de poder mayor.
Y pues dentro de todo este sector, hoy nos encontramos con un ejemplar que representa la cúspide en cuanto a tamaño y equipamiento dentro del sector de las SUV´s. Hablamos de la Lincoln Navigator.
Ford ha tenido desde hace tiempo al competidor natural de la Suburban en su Expedition, con dos largos de carrocería, pero hace unos años presentó la versión top de la misma al amparo de su marca de lujo Lincoln. Lo mismo hizo GM con la Cadillac Escalade, al irse diversificando el mercado y encontrando un nicho, que al igual que las pick ups, ha ido incorporando toda clase de lujos y comodidades en un vehículo de origen “proletario”.
En fechas recientes, Lincoln trajo al mercado la segunda generación de la Navigator, con un profundo y total rediseño, el cual y en aras de la eficiencia energética, ahora no incluye el tan tradicional motor V8.

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La Navigator es una camioneta grande. Muy grande. Y eso que gracias a la incorporación de aluminio en gran parte de las estructuras, alcanza las 2.8 toneladas ni más ni menos.
Mecánicamente, un motor V6 Ecoboost de 3.5 litros provisto de dos turbocargadores es el encargado de propulsarla. Y lo hace francamente bien. Muy bien se podría decir. Hace poco tiempo hubiera sido difícil imaginar que un motor tan “pequeño” pudiera mover con tanta soltura esa masa.
El motor produce 450 caballos y 510 libras pie de par motor, cifras más que respetables. Y lo hizo proporcionando un rendimiento de combustible de entre 6.5 y 8 kilómetros por litro, cifra razonable considerando la masa mencionada.

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Su estructura sigue siendo la del chasís de largueros, con suspensión independiente en las cuatro ruedas, motor delantero y tracción a las 4 llantas, con una muy efectiva y suave transmisión de 10 velocidades, con 6 programas de manejo.
Para “calar” a la Navigator, hicimos, además de algo de manejo urbano, un par de salidas carreteras, su entorno más natural.
Visitamos un viñedo cerca de Querétaro, donde la doble tracción y el programa para nieve de la transmisión nos sacaron de un apuro, al quedar atascados en lodo. La respuesta del conjunto motriz fue excelente.

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Y también hicimos un recorrido Querétaro – CDMX por autopista.
En ambos casos, al igual que en ciudad, la comodidad de la Navigator es excepcional para quienes viajan en su interior. Espacio, asientos, gadgets son francamente buenos. El equipo de sonido maravilloso.
La única queja que tenemos es natural en un vehículo de estas dimensiones: para los ocupantes de la fila trasera, la marcha en carretera es todavía “brincona”, a pesar de la suspensión trasera independiente pero como consecuencia inevitable del largo brazo de palanca de la distancia entre ejes.
Hay que aclarar que es una situación que comparte –aunque ventajosamente- comparada con su eterna competidora de GM, porque aquella todavía mantiene el eje rígido trasero.

Para quienes decidan comprar un ejemplar cono todo el equipo, les recomiendo que se tomen un buen tiempo para aprender el funcionamiento de todos los artilugios electrónicos. Se puede cambiar y ajustar todo. Desde asientos que calientan o enfrían, masaje incluido (muy agradecido en viajes largos), hasta los ajustes de sonido, iluminación, altura de los pedales, efectos de sonido y un larguísimo etcétera.
En conclusión, podemos definir a la Navigator como un palacio de Versalles sobre ruedas. Un conjunto de acero, aluminio, cuero, caucho y vidrio que rebosa lujo y comodidad.
Te hace sentir como un real y majestuoso soberano.
Claro, todo este lujo y comodidad tienen un precio alto. Pocos podrán o querrán pagarlo. Pero en un mercado tan amplio, siempre hay rotos para descosidos.
Y la Navigator tiene y tendrá sus incondicionales.
Los que no quieren una casa, quieren un palacio.
Sobre ruedas.

Gustavo Iriondo Erreguerena

 

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