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ESPECIAL: UN DÍA EN LA VIDA DE NANO

Emocionante relato (¡con fotos y todo!) de las aventuras de un Mazda 2 Sedán… en manos de los chiflados de Motor y Volante.

 

Como ya les platicamos, para el lanzamiento del Mazda 2 sedán, Mazda les entregó a cada uno de los cincuenta periodistas presentes un auto nuevo para difusión entre amistades, contactos y colegas. Nosotros, además, les vamos a contar una historia, la historia de cómo este coche, que inmediatamente bautizamos como “Nano” (puesto que en el establo de MV le tocó lugar junto a un Mazda 3 idéntico pero más grandote) y nos dispusimos a tomar nota de lo que se puede hacer con un auto tan divertido como este.
Este es el relato de un día en la vida de Nano, en manos de Motor y Volante.

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Nano en la rampa del establo, queriendo imitar todo lo que hace su hermano delante de él, o sea, dormir plácidamente y levantarse temprano para ver qué se ofrece.
Y lo que se ofrecía hoy era toda una hilera de compromisos, destacando uno un poco raro y otro de importancia vital, de los que les contaremos líneas más abajo.

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Nano sale a la calle, agenda en mano, mientras se le entibia el aceite y carraspea el escape. Todo motor eficiente sabe que no hay nada mejor que carraspear en las mañanas para comenzar el día con voz y potencia de tenor.
Todos los días nos sorprendió el arranque y las relaciones de la caja de Nano; el motor es de apenas 1.5 litros y aunque la cantidad de cambios de la transmisión automática es también de seis como en su hermano mayor, el Mazda 3, las relaciones a uno de cada uno de ellos son más cortas y mucho más briosas. Todos los que le poníamos las manos encima por primera vez nos sorprendíamos del ágil brinco de despegue y de la todavía más vivaz ganancia de velocidad que esta caja sabe sacarle al pequeño motor.

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Y claro, como Nano andaba siempre pata a fondo por el mero disfrute de hacerlo, el consumo resultaba mayor de lo que es capaz de ofrecer en circunstancias normales. En Motor y Volante, rara vez medimos el consumo al mililitro, puesto que estamos convencidos de que no existe una regla generalizada que diga que todo el mundo hunde cuatro cm el acelerador y siete en carretera. Por lo mismo, es absurdo querer establecer un promedio realista. Preferimos observar con cuánta velocidad baja la aguja del tanque, porque ahí encontramos una conexión directa con nuestro cerebro y el “tendón H” (invento nuestro), con el que medimos cuánto estamos hundiendo el pedal del acelerador. O sea, bien que sabemos todos si le estamos pisando fuerte o no y el consumo es una resultante.
Pero, dada la novedad y el gusto por manejar a Nano, todos nos lo peleábamos porque además cabe en todos lados y andar fuerte resulta fácil. Ergo, visitas frecuentes a la gasolinería.

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Muy bien, es tiempo de decidir si vamos primero a comprar dos ratones nuevos al Best Buy o nos vamos directo a desayunar en la Hacienda de Cortés.
Nahhh, nadie tiene hambre. Vamos primero a cumplir con el compromiso más importante del día, que los cuatro a bordo nos moríamos de ganas de acompañar a Nano a saludar a Petunia.
Petunia es una burra que vive a las afueras de Cuernavaca, cuya dueña, una pelirroja de San Diego que vive la mitad del año aquí y la otra allá, andaba de viaje y le había encargado a Herr Editor darse una vueltecita para ver si estaba bien.

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Esta es la casa de Petunia (y de la pelirroja) en un barrio que es más bien como un pueblito a las afueras de la gran capital que es Cuernavaca.
Cuando llegamos, los mercaderes estaban armando o desarmando, nunca supimos, su tianguis, en el zocalito que es un parque. El Ayuntamiento, para que los comerciantes no se extralimiten, pintó los árboles de la periferia autorizada con unos extraños colores. En la foto los pueden ver.
Al fondo, Nano y la casa de Petunia.
Tocamos el timbre y preguntamos por Petunia.
¿¿Quién?? Asomó una cabezota y un par de orejas blancas.

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Nano quería conocerla de primera mano pero no podía entrar a la cochera, puesto que fue convertida en la “sala de estar” de Petunia. Como pueden ver, tiene hasta su galería de fotos de “familia” en la pared detrás, para que no extrañe.

5familia

Petunia se asomó, sin embargo y Nano y ella pudieron platicar en idioma burril o cochil.
Como nos alejamos para darles privacía, no supimos.
Y justo entonces llegaron “sus” veterinarios a darle su spa y masaje quincenal.

5c spa de petunia

Misión cumplida. Pudimos reportarle por chat a la guapa pelirroja que sus animales estaban bien y arrancamos, ahora sí, con el estómago gruñendo (porque se nos habían antojado las zanahorias de Petunia).

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¡A almorzar!
La entrada de este hotel y restaurante siempre nos ha maravillado. Es uno de nuestros tres lugares favoritos para alimentarnos cuando andamos en chorcha. Junto con el Sapori (un minúsculo restaurante italiano fundado por un genovés genuino, Fulvio) donde la lasaña y las calabacitas rellenas te harán olvidar cualquier pena, y el otro es el Deli & Art, una casa de campaña francesa disfrazada y sin letrero en pleno corazón de Cuernavaca, donde cada sillón y cada mesa es diferente y te traen un pizarrón donde está lo que hay para comer y punto. Nada de andar escogiendo. Pero lo que te toque es siempre como maná del cielo.

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El almuerzo estuvo largo y salimos cuando ya se estaba poniendo el sol, en un espectáculo tan bonito, que Nano solito se paró, como diciendo “¡tómale una foto, güey y que se vea mi espejo!”.

 

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Ni modo, entramos al Paso Exprés, famoso por su socavón, para dirigirnos a comprar un pantalón para uno de nosotros, que se le había roto.

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No hubo en Forum y nos arrancamos a Averanda.

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Tampoco. Nuestro colega no quería gastar más de cuatrocientos pesos y entonces mejor le sugerimos (le dimos pamba por agarrado) dirigirnos a La Comer, donde sí encontró lo que quería.

Mientras comprábamos, Nano se puso a hacer amigos entre los coches que lo rodeaban, particularmente este que ven con su franja roja. Cuando regresamos, ya lo estaba retando a arrancones.

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Lo sacamos casi a rastras, incluso lo amenazamos con dejarlo frente al tribunal de justicia (el de menores, claro) para que le quitaran lo bravucón y poco a poco se tranquilizó y nosotros también, porque los monotes del Camaro tenían cara de pocos amigos.

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Emprendimos el regreso para que cada quien tomara su bicicleta, triciclo o cochecito y se fuera a su casa, mientras que al más afortunado le tocó llevarse a Nano.

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Llegó la noche y todos ya roncábamos re duro, (cada uno en su casa, no dormimos juntos, somos cuates pero tampoco es cosa…) cuando sonó el teléfono: un ataque de apendicitis a las 4 de la mañana y justo a Adolfo, que había venido desde Cancún nomás por pasear en Nano.

Nos pudimos guiar por los puros gritos que se oían por toda la ciudad.

En la circunstancia, claro, su mujer estaba más atacada por los nervios que por la urgencia, y además no sabía ni para donde jalar. Y es rete guapa, así que claro, queríamos ver si estaba en pijama o qué.

Así que formamos un equipo de rescate y fuimos por él.
Uno, dos, tres, cuatro -incluyendo a Nano que ya ensayaba hacer sonido de sirena.

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Del establo M/V, escogimos –claro- el auto más ágil -si ya había retado a  un Camaro, nos dijimos… para llevarlo al Hospital Center a través de  calles angostas y sinuosas que así son todas en Cuernavaca.

Lo dejamos en Urgencias y esperamos afuera porque adentro no se podía fumar. Aunque ninguno de nosotros fuma, se nos hizo lo propio. No fumar, esperar.

Pasó una hora.

Abajo vemos a Nano, afuera del hospital, ya amaneciendo pero con los faros encendidos en alerta mientras (creíamos) le metían bisturí al primer diseñador que tuvo M/V en toda su historia. Y que siempre anda opinando y dando lata aunque viva en la playa. Por lo que nos da envidia.

Y empezamos a pensar qué pasaría si no le hubiéramos salvado la vida, jeje, (jeje, repitió Nano).

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Pero él -el coche-  claro, estaba preocupado…
¡los coches (particularmente los Mazda) tienen sentido de lealtad!

Pero ni fue apendicitis ni nada. Eran gases, caramba.

Nano –y los demás- entre que nos enojamos y nos aliviamos al saber que todo había salido bien.

Y sí, la palabra adecuada es “salido”.
Así que por fin, ahora sí.
Nano apagó sus luces y se quedó dormido.
Y nosotros también.

Staff

 

#Mazda2Sedan
@MazdaOficial

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