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Lado a Lado: Acura RDX vs. Infiniti QX50 Enfrentamos a estas dos novedades para que tú no tengas sorpresas.

Alguien va a ganar y con las manos amarradas.
¿Adivinas?

Hay diferentes pensamientos acerca de si estas dos marcas merecen competir con las más afamadas alemanas. Cada vez se acercan más, sin duda. Pero entre ambas las cosas no resultan parejas.

En desempeño, el Acura se come vivo al Infiniti que se siente fofo. Pero aun así ambas quedan lejos de lo que ofrece ya no digamos la mejor, sino la menos buena de las tres germanas, Audi, o incluso la nueva Stelvio de Alfa Romeo que nomás vino a meter ruido. Literalmente.

La RDX porta un dos litros turbo asistido con caja de 10 engranes, que descaradamente le fue arrancado al Accord, con 272 caballos y 280 libras de fuerzas respectivas, lineal y circular.

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El motor del Infiniti es primero en el mundo en ofrecer compresión variable en los cilindros, que suena fantástico (al menos en el papel) y ciertamente, no padece de turbo demora, una gran ventaja. Pero la caja es una continuamente variable y, al igual que el volante (que dicta las órdenes solo por la vía señales eléctricas) y en conjunto con la suspensión obviamente diseñada para comodidad y no para manejo en serio, nos hacen sentir  una enorme diferencia cuando le pisamos fuerte. Como si hubieran sido diseñadas para cosas diferentes, la QX50 para estacionarse fácil en Perisur, la RDX para disfrutarla.

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Una vez sentados adentro, la Acura desconcierta, con botones faltos de sincronía (y demasiados, hasta para operar la transmisión) pero la calidad destaca y la combinación de materiales es muy afortunada, en especial ese cuero negro y alcántara sobre ese metal opaco, se ve precioso. Los asientos son terribles, pese a sus múltiples opciones. En cambio la Infiniti, fea por fuera, es preciosa por dentro, con ante azuloso enmarcado por cuero natural que por fin se aleja del ya choteadísimo “fibra de carbono” simulado que traen todos. Y además, ya rodando es mucho más silenciosa que la Acura.

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Del equipo de entretenimiento ya saben que no nos metemos porque nos parecen cosas para niños y, aun así, en el Acura todo nos destanteaba porque en unas funciones operaba de un modo y en otras diferente.

Sin embargo, en la Infiniti parece que el sistemita lo heredaron de un coche de pedales y de los viejos; elegir una estación de radio, cambiar de función, cualquier cosa parece como un manual para cocinar en olla exprés y no en un coche de este rango.

En cupo la Acura se muere de risa de la Infiniti,  pues aunque menos espaciosa  tiene hasta compartimientos ocultos, unos bien grandotes inclusive donde realmente esconder cosas de la mirada de los cacos. Pero la QX es a todas luces más grande. Ahí tú escoges.

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En cuanto a sistemas modernos de seguridad, la Infiniti resulta más ágil y más hábil.  Sus sistemas Pro Assist y ProActive de veras frenan totalmente cuando es indispensable  y toma curvas hasta con sentido dramático cuando se necesita. No es, sin embargo, realmente autónomo y de repente el volante se desentendía de lo que venía haciendo y nos deja con el Jesús en la boca porque ni avisa.

El de Honda, que diga, de Acura, no hace malos quesos en condiciones tipo freeway americano donde se hicieron las pruebas de manejo, o sea, de esas donde te puedes quedar dormido, pero no puedes creer que le puedes ceder la responsabilidad por completo. Ni de lejos.

A este nivel de precio, nos da hasta pena hablar del consumo de gasolina, por más cara que esté, pero la RDX con todo y que es apenas más potente que la QX50, su consumo es mucho mayor, la Infiniti es sorprendentemente económica gracias a su sistema de compresión variable, suponemos. No encontramos otra explicación.

Además, la QX50 es muchísimo más cara (en EEUU, desconocemos los precios en México).

Así que ya está, queda claro, ¿no? ¿Quién gana? Tú, que ya sabes qué prefieres y escogerás entre una u otra.

 

en colaboración con Miami Herald/MotorOneMag

 

 

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