Anuncios

Un Cuento de Mariposas y Fantasmas (What?)

Como un servicio más de Motor y Volante          -o sea, para que vean qué cuates somos- gradualmente subiremos a nuestras redes los principales artículos publicados en la revista de Enero.
Nuestra divertida serie de Vacaciones al Volante es la primera entrega.

 

¿Cuántas veces has pensado en ir a la Sierra Chincuá, para visitar el Santuario donde anualmente llegan las mariposas Monarca?Estos animalitos parten cada otoño desde los bosques canadienses hacia un lugar donde el clima les resulte grato y ahí se quedan hasta el inicio de la siguiente primavera.
Es un espectáculo tan maravilloso que su fama ha atravesado fronteras y atraído turistas de todo el mundo.

10a

Seguramente muchas, pero a cambio, para los habitantes de las grandes urbes del país, este sitio queda exactamente en la frontera entre “Cerca” y “Lejos”. Y ya con eso, se amolaron nuestros planes, pues aunque se sitúa en la muy física y real frontera entre Michoacán y el Estado de México, eso lo coloca a una distancia justo donde queda demasiado lejos para ir y venir en un mismo día, pero demasiado cerca como para dedicarle un paseo de varios días con alojamiento y todo.

Pero hete aquí —como dicen los que cuentan cuentos— que si surge un factor extra que mueva la balanza para hacer del exótico viaje una realidad más plausible, entonces la barrera entre lo cercano y lo lejano se diluye.
Y ese factor recayó en manos de uno de nosotros que pasó algunas vacaciones infantiles en Angangueo, lugar originario de parte de su familia y, nomás de puntada, se le ocurrió invitarnos a ir “por el rumbo” puesto que la familia todavía mantiene (aunque vacía) una amplia y tradicional casita de pueblo en las laderas de ese boscoso valle, que tiene muchas recámaras y camas así que cabríamos muchos y que, desde ahí, es cosa de un rato subir a visitar el Santuario.

 

3-CASITA

 

¡¡Vamos todos!! Gritamos en la oficina al enterarnos.
Y luego luego nos pusimos a sacar cuentas de cuántos coches necesitábamos, cómo nos acomodábamos, si había que llevar cobijas o nomás papas fritas y no faltó el retrasado mental que preguntó si no era allí donde había “una cosa con mariposas”.

Claro, los más atravesados de inmediato sugirieron pedir camionetas prestadas a las fábricas (para no gastar nuestra propia flotilla) pero decidimos que no, que usaríamos lo que estaba en nuestro propio establo y que de momento consistía en dos Mazda3 (uno llamando Rex, modelo 2010 y el otro Max 2016) así como una espaciosa X-Trail también 2010 –o sea, la mera buena con motor 2.3— y todos con suspensión independiente en cada esquina ya que, como a eso nos dedicamos, dedujimos que el camino iba a ser exigente pero no como para 4×4.

566f570348c084519af172002cb934b2--winter-blankets-throw-blankets

Nos sorprendió leer en la lista de requisitos: “Seis cobijas gruesas” ¡por persona!
El mismo retrasado mental de hace rato dijo “ha de ser que vamos a hacer labor social y hay mucho damnificado por allá”.

Lo que no sabíamos hasta el momento de arrancar, es que al que le tocaba ir de puntero no le gustan los mapas porque usa puro Waze y, por lo mismo, no se había enterado que ya se han construido dos autopistas que pasan rozando ese destino, una por arriba y otra por abajo. Así que, mal aconsejado por su méndigo Waze, nos encaminó por la carretera federal que lleva a Mil Cumbres (construida en 1927) dizque porque era la que tenía menos tráfico. Y como buen capitalino (trabaja en nuestra oficina en CDMX) piensa que evitar el tráfico es lo único que importa en este mundo, así sea atravesando por puros maizales. Ya una vez Herr Editor, mal aconsejado por el mismo programita, acabó perdido en medio de un barrio de puros narcos (¿La Olla o algo así?) con una camioneta de dos millones en pruebas y cientos de ojos avariciosos que la miraban, buscando la salida a vuelta de rueda.
Lo dicho, méndigo Waze.

2-PUEBLO

 

Siete horas más tarde finalmente llegamos al destino todos empolvados, con dolor de riñones y de todo lo que puede doler. Largos tramos sin asfalto, tierra suelta, camiones de talamontes y todo lo que NO quiere uno encontrar, nos lo encontramos.
¡Siete horas para 250 km de recorrido!

5-PUERTA CASITA

Pero la casita estaba linda. A menos tres bajo cero, pero linda, así de maderitas y tejados, al estilo típico michoacano. Camas para todos (íbamos un montón) una chimenea y una única regadera para la que había que atravesar medio patio a la intemperie (ya dijimos que estábamos a -3°C, ¿verdad?).

4-CHIMENEA
Ah, pero con vista a la montaña y a distancia de casi poder tocar las campanas de las cuatro torres de las dos catedrales que un verdadero pueblo minero del siglo 16 se merece.
Bueno, dejó de ser minero algunas décadas atrás, pero hoy excavar para sacar plata, plomo y zinc con nuevos métodos resulta otra vez redituable y Grupo México está reabriendo dos minas, una chiquita, de la que llevan 300 m excavados (tan amplia que caben esos gigantescos camiones Euclid que nomás salen en las películas, no esos carritos como de Blanca Nieves y los 7 enanos) donde nos dejaron entrar así nomás de mirones, y otra con un tiro horizontal de 10 km adonde no nos dejaron entrar, así que nomás nos lo platicaron y nosotros se los platicamos a ustedes.
Nos lo platicó nuestro “guía”, un minero muy sonriente al que ya nomás le quedaba el pulgar de la mano derecha. “Una mecha demasiado corta” … explicó.
Él mismo nos contó (mientas la mina nos goteaba) cómo el riesgo son los gases y cada tramo deben hacerles una salida, con el minero tirado de espaldas y operando una perforadora de 80 kg sobre los brazos.
Juramos no volver a quejarnos de nuestra profesión de periodistas.

Las noches eran feroces.
Morías por una de dos causas: congelamiento o asfixia (las 6 cobijas encima pesan una barbaridad).
Y bajar al baño era una decisión mortal.
Comprendimos por qué antes se usaban bacinicas.
Pero eso sí, jalar las cobijas contaba como dos semanas de ir al gym.
¿Por qué se nos ocurrió planear tres noches?

Ah, para que tuviéramos oportunidad de conocer al fantasma, que los cuidadores de la casa (normalmente vacía) nos advirtieron. “Pero no se espanten”, aclararon, si no lo “invocan” no viene.
¿”Invocan”? ¿Por su nombre? ¿Diciendo la palabra “fantasma”?
¿Cómo se invoca a un f-a-n-t-a-s-m-a (lo deletreábamos para que el E-s-p-a-n-t-o no se sintiera invocado).
El caso es que a la segunda noche, invocación o no, el fiel Chueco (acá en M/V los perros son muy importantes y van a donde van sus amos) se puso a ladrar mirando al v-a-c-í-o. No había nadie y el perro lo a-t-a-c-a-b-a igual.

7010dfdca4d6c78addb689d5d557998f--rustic-stairs-wooden-stairs

 

Ay, nanita, salimos todos corriendo al patio (recuerden los -3°C) atropellándonos en la angosta escalera artesanal donde ningún escalón era igual a otro.

 

Salió peor.

 

La más joven de grupo fue al congelador, que diga, al baño.

 

 

Y de pronto, gritó:
“¡Ayyy, un vampiro en el baño!” y llegó hecha la cochinilla a donde el grupo ya temblaba (de frío y de miedo). Dr-House-Vampire--89772Mandamos un valiente destacamento al baño y regresaron con un pobre ratoncito alado de unos 5 cm de largo.
Con alas.
Se llaman murciélagos, no vampiros.

 

 

Al cabo de un par de días en la casa, aparte de las peleas cada media hora por ponerse frente al fuego (descubrimos que la leña la pagas a $100 “la abrazada”, o sea todo lo que alcances a sostener con los dos brazos) y que, como consecuencia de la poca afluencia hacia la regadera (-3° C) los aromas comenzaron a espesar y salir a las terracitas (¡-3°C!) a oír campanadas se volvió obligatorio.
Hasta que llegó la mañana de ir al Santuario.
Locos de contentos nos subimos a los coches rumbo a la alta sierra, solo para bajarnos a poco y contratar unos caballos para el resto del camino. A uno le tocó montar al “Payaso”, a otra “El Greñas”, y a la chica más joven del equipo le tocó el “Relámpago” que nomás se le montó, salió galopando y no la hemos vuelto a ver.

Hairy-Horse-With-Tongue-Face-Funny-Image

Los demás se subieron a caballos que tenían cara de enojados o por lo menos, de cansados. Faltaba un cuaco o sobraba un jinete, y muy galante, Herr Editor dijo “No importa, yo me voy a pie”.

“Jajajajá!”, riendo, el guía campesino con su sombrero negro lo miró de arriba abajo y le dijo “…órale, qué bueno que seamos dos viejos fuertes los de a pata, porque cortaremos camino por un atajo y llegamos antes que los demás”.
Nomás los vimos subir una ladera empinadísima agarrándose hasta de las ramas y se perdieron.
Los demás avanzamos paso pasito preguntándonos dónde se habría ido el “Relámpago”.

Ya en la entrada, encontramos a un Herr Editor todo dado a la madre (ni en sus mejores momentos lo habíamos visto tan ojeroso y hasta como flaco) que miraba con cara de odio al campesino del sombrero negro.
Tras mucho más caminar, por fin llegamos al sitio donde no había nada.

10d.jpg
Estaba nublado (seguíamos a -3°C) y evidentemente las mariposas estaban a disgusto, porque se aglutinaban en racimos como colmenas y ni madres que las podíamos ver volar. Bueno, había 15 (las contamos) volando, quizá como guardianas.
Y nos dijimos: ¡Utaaaa! Siete horas de camino, congelados horrible y ¿ver nomás 15 animalejos?”
En ese momento se abrieron las nubes y apareció el Sol.

10e.jpg
Mágicamente, se abrieron también las alas de millones y millones y millones de mariposas Monarca que se lanzaron al aire y revolotearon hacia nosotros, tocándonos como haditas con una varita mágica y sin más, el viaje se convirtió en el más hermoso de la historia.
Staff

images

 

Anuncios