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MotoClub: La Travesía

¿Por qué te enamoras de rodar en moto?
Por esto…

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Mi papá sentenció a sus tres hijos (yo incluido) desde que éramos niños:
“En esta familia, mis hijos no andarán en ningún vehículo que tenga motor y solo dos ruedas”.

¿No les encanta cuando alguien hace severas promesas así?
No pasó ni un año antes de que llegara a casa con una moto de pequeña cilindrada (menos de 100cc), a consecuencia de un colega al que miraba divertirse todo el día con la suya.

Y la pequeña bestia aquella sí que nos divirtió; todo el día andando, si no en manos de los tres chicos, entonces en las de papá o mamá.

De todas las actividades divertidas que conozco, se me ocurren primero velear,  nadar, andar en moto, hmm… y alguna otra, pero no es lugar ni momento para hablar de esta última.
Aunque de las motos sí.

Cada vez que “ruedo” en una motocicleta recibo un regalo: todas las presiones y preocupaciones de mi chamba quedan atrás, llevadas por el viento.
Siendo un sacerdote, tengo mucho de qué ocuparme y preocuparme.
Siempre me pregunto por qué la gente se pregunta por qué un “padrecito” anda en una moto (y ahora una de gran cilindrada).
He de aclarar que soy sacerdote católico, apostólico y anglicano (… el rito inglés, casi igual al romano pero que permite el matrimonio y una vida normal al sacerdocio).
Así que viéndome hoy en mi enorme moto personal de 750 cc, la gente me pregunta ¡si me voy a meter a los Hell Angels!

Complementando el relato de la presentación de la gama Harley Davidson 2018 en Baja California, de la que ya les dimos antecedentes, esta secuela es solo un pretexto para mostrarles las fotos del lado amable del evento, que incluyó la presencia de una chica vestida de “hillbillie” (güerita sureña campesina, al estilo de los harleros más típicos)…

HD Baja CA Sur 022.jpg

el camping en la playa rodeado de camaradas…

 

y uno de los atardeceres más hermosos que he presenciado, además de un espectáculo llamado “wirikuta” con personajes legendarios…

 

 

Experiencias únicas, sin duda, del mundo reservado para nosotros los motociclistas, especialmente si rodamos a bordo de las magníficas “máquinas de dos ruedas”  ante las que mi propio padre sucumbió.

¡Y que yo sigo disfrutando!

Rev. Douglas Carter

 

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