Advertisements

Suzuki Swift BoosterJet, un carácter propio con unas ideas brillantes

Los Swift siempre han sido bien queridos por el público. Propietarios y mirones, todos los ven con admiración y gusto, pues han sabido formar su propia personalidad sin pretender establecer un nicho o, peor, colgarse de la fama de un ancestro como, por ejemplo, hace Mini al apropiarse de la imagen del original, que era otra idea y esa sí muy original.

Suzuki, por el contrario, estableció su bandera en un segmento muy competido, ofrece tres alternativas de motorización (sin contar la versión deportiva) y muestra sus credenciales abiertamente.

Ya desde que probamos un Swift la primera vez, dijimos que, además de su individualidad, tienen carácter y vigor. Y señalamos, entonces, que un Swift es lo que un Mini quisiera llegar a ser cuando sea grande.

Ahora bien, ¿cómo ha cambiado el nuevo Swift? A golpe de vista, la configuración es la misma, las dimensiones también e incluso alguno de los motores sigue siendo nuestro viejo conocido. Pero, definitivamente no, en la receta que nos llega con Booster Jet.

Suzuki-Swift-2018-800-5f

Un motor de baja cilindrada, turbo-asistido y múltiples sistemas de ayuda de manejo lo convierten en un auto muy completo. Y el empuje del pequeño motor desmiente su desplazamiento, pues casi sin demora (ya hablaremos de otra demora, también) nos hace casi despegar en cualquier calle.

Al manejarlo, de inmediato delata su breve distancia entre ejes (2.45m) que le permite hacer virajes increíblemente ágiles y en espacios muy cerrados, pero a cambio provoca una marcha bastante rígida y saltona. En el interior encontramos un diseño único, gracias al parabrisas casi vertical (de cuya aerodinámica se encarga hacerlo en forma de cuña visto desde arriba) que no debe confundirse con la cabina adelantada (cab forward) de los 90. Aquella alejaba la base del cristal y extendía mucho el tablero, lo que daba una sensación extraña. Uno podía casi rozar las viseras con las cejas, pero no alcanzar la base del parabrisas con el brazo extendido.

En el Swift es al revés.

Con el parabrisas muy parado, la sensación de amplitud es inmediata, sobre todo arriba, a nivel del toldo. Da un confort inesperado y te hace pensar que se trata de un auto mucho más grande. Muy grato y no sacrifica el Cd (coeficiente de aerodinámica), que lo resuelve con otro método.

Suzuki-Swift-2018-800-47.jpg

El tablero nos dejó impresiones mixtas, lleno de detalles de franjas rojas, algunas incluso lumínicas, para diferenciarlo de modelos más modestos. Agujas análogas para todo en vez de testigos lumínicos idiotas (porque te avisan solo cuando algo ya pasó, mientras las agujas te permiten venir monitoreando el funcionamiento).

Entre el velocímetro y el tacómetro (precisos y claros, aunque orientados hacia el centro lo que nos desconcertó un poco, si bien es un comentario meramente estético ) viene una pantalla de funciones que, entre otras cosas, marca el consumo en números que los mexicanos sí entendemos, o sea “kilómetros por litro” y no en “litros x 100 km” que aunque es lo oficial, acá no usamos.

Suzuki-Swift-2018-800-44.jpg

Este instrumento marcaba en ciudad un consistente 14.9 km/l que en carretera subía a 17 si no le pisábamos demasiado fuerte. Que claro que le pisamos, demasiado y fuerte, pues sabemos que este motor será su carta fuerte con compradores jóvenes que aun valoran “que jale duro” como un ingrediente indispensable.

Y el Booster Jet de Suzuki jala sabrosísimo, tanto, que hasta espanta y te hace entrar en razón rápidamente porque, después de todo, es un vehículo compacto de alto desempeño, pero no de carreras.

Lo que sí de plano no nos gustó fue la pantalla multifunciones, carente de toda humanidad. Es lo contrario de intuitiva y para prender o ajustar cada campo hay que hacer circo, maroma y teatro. De hecho, durante tooooda la primera semana que lo tuvimos a prueba, nunca pudimos apagar el maldito radio que sonaba en una estación ranchera. A lo sumo, logramos bajarle el volumen, pero al iniciar un nuevo día, con cada arranque matutino, ya estaba el mariachi a todo volumen de nuevo rompiéndonos los tímpanos y varios brazos manoteando a ver cómo carambas apagarlo. Claro que el instructivo dice cómo, pero ¿cuándo se ha visto a un macho mexicano revisando un instructivo?

Suzuki-Swift-2018-800-27.jpg

Entendemos que las nuevas generaciones quieren todo digital, pero no tanto que para prender el radio tengas que hacer cuatro operaciones.

Igualmente, tampoco nos convenció la pieza de plástico que adorna el túnel de la transmisión, ya que cada vez que quitas o pones el freno de mano, te araña como si trajeras un gato feroz a bordo.

Tres de nosotros tenemos las cicatrices en el dorso de la mano para demostrarlo.

A cambio, sacarlo a camino abierto, en particular nuestro camino favorito, ese tramo verdaderamente alpino, lleno de ascensos, descensos y curvas peraltadas como si fuera una feria, resultaron un deleite en el Booster Jet que, a sus anchas, aceleraba entre los 30 y 100 en 4 segundos. Y de esos 4 el 4° es el más divertido, porque el turbo empieza a empujar gradualmente pero ya para el 4 empuja como gorila, así que uno tiene que ir endureciendo el cuello conforme gana fuerza, porque si no, te deja la cabeza colgando hacia atrás.
Nahh, claro que exageramos, ¡pero es que así se siente! Un empujón brutal que viene de menos a más en fracciones de segundo.

Suzuki-Swift-2018-800-05.jpg

Hablando de demoras, pues ya casi todos los autos tienen un botón de arranque.

Un botón en el tablero, idéntico al que estrenaron los coches en los años 30 y que era el “control remoto” para activar el motor eléctrico del encendido. La marcha ya era automática y no había que bajarse a “darle cran” con una manivela frente a la parrilla.

Al paso de los años, el sistema cambió a girar la llave, pero ahora está de regreso y no hay coche que se precie de moderno que no tenga su botonzote, ahora electrónico.

Te subes con la llave en el bolsillo, pisas el pedal de freno, y lo oprimes.

Y te quedas mirando.

Y mirando.

Y mirando.

Solo hasta que pasan los más largos tres segundos de la historia, el sistema comienza su numerito (prendiendo lucecita por lucecita) y finalmente da la orden y el motor arranca.

Tal vez tiene demasiadas cosas que verificar antes de encender, pero es irritante.

En cuanto a espacio y confort, nada extraño que relatar, es confortable y espacioso para cuatro ocupantes que, sin duda, viajan más cómodos que en el modelo anterior. Y que en casi toda su competencia.

Nos gustó su capacidad de detención de arranque en rampas, que funciona bien y se escucha al operar e incluso se nota que queda “al pendiente” durante algunos segundos más por si se ofrece.

Así que tenemos un auto veloz, cómodo y seguro (tiene todos los implementos que se esperan, incluyendo una sólida jaula de seguridad) al que, con un poquito de atención, quedaría perfecto para uso tanto citadino como en camino abierto.

Está lindo su diseño, pero eso es cuestión de gustos y ya ni nos atrevemos a juzgar o no su atractivo porque los que lo miran dicen cosas diferentes. A nuestro juicio nos parece que es el auto de dimensiones breves MEJOR logrado de todo el mercado, ya que en ningún momento da sensación (desde el interior ni del exterior) de estrechez. Incluso lo contrario, gracias al ángulo del parabrisas que también contribuye a un ingreso/egreso a las plazas delanteras muy cómodo para personas de alta estatura, que no tienen que agachar  la cabeza al entrar o salir.

La calidad del ensamble se siente correcta y la carrocería hace uso de todos los trucos de diseño para lucir como un auto mucho más grande y  lujoso de lo que uno esperaría. Los fornidos “hombros” bajo el borde inferior de las ventanillas lo hacen verse grande y fuerte, el cofre achatado lo hace verse atrevido, y las grandes calaveras y las excelentes luces, todo contribuye a un recorrido muy satisfactorio.

Suzuki-Swift-2018-800-29.jpg

Esta versión no es barata (ya ningún auto lo es) pero el Booster Jet solo te cobra por lo que te ofrece. Que es mucho, ciertamente. Pero lo mejor es que recibirás justa y exactamente lo que esperabas. Un coche honesto, bien hecho  y divertido.

 

Gabriel Novaro

Advertisements