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¿Por qué “crecen” los autos?

En dimensiones -y desde luego en precio- todos los modelos se vuelven cada vez más grandes y más caros, en lo que parece un fenómeno imparable.

El Honda Civic de hace ya más de medio siglo es tal vez el mejor de los ejemplos.
Pero para el caso igualito podíamos citar a un Jetta (Atlantic en sus modestos orígenes, mientras que el de 7a generación será irreconocible)

o incluso en marcas americanas, (como el crecimiento del pequeño y económico Falcon hasta al actual Fusion, de grandes dimensiones y no se diga precio).

 

MÁS GRANDE

En marcas americanas el proceso se “disimula”un poco, puesto que al tiempo en que los van agrandando, les van cambiando el nombre. Pero en general, salta a la vista que un coche cuando lo presentan por primera vez, viene en un paquete relativamente modesto y con un precio que -guardando todas las debidas proporciones por devaluaciones e inflación-  era alcanzable por un gran número de personas y al paso de los años ya no lo es.

El VW 113 (ajá, el “vocho”, al  que sólo un tarado mexicano  pudo bautizarlo como “sedán” porque no lo es por dondequiera que lo mires) presentado en 1935 y popularizado después de la Segunda Guerra Mundial, delataba su frugal intención desde el nombre propio: Auto para el Pueblo.

Ese se llamaba 113 porque el desplazamiento de su pequeño motor era de 1130 centímetros cúbicos y generaba, si la memoria no nos traiciona, 25 caballitos. No tenía ni el más mínimo equipo suplementario. Es más, el prototipo no tenía ni reversa. Y como no podía ir para atrás, pues tampoco tenía “medallón” (cristal trasero, para nuestros lectores fuera del país, que cada vez son más).

Al paso de los años -décadas en su caso- lo hicieron “crecer” de maneras poco evidentes: le fueron poniendo limpiadores, radio, calefacción, asientos con resortes, luces direccionales, un motor con inyección y 44 caballos y hasta una versión con parabrisas “cab forward” por razones de seguridad  y suspensión de cartuchos, más conocida como McPherson en honor a su inventor, un operario de GM que la desarrolló para ahorrar costos, no para ganar eficiencia.
Y claro, diferentes carrocerías como el Brasilia o la Combi, pero eso es harina de otro costal.

Igual si nos remontamos décadas antes y miramos un Ford Modelo T, veremos que se vendía sin accesorios por completo. Solo lo necesario para echarlo a andar, cubrirse de la lluvia o del sol  y rodar.  Podías comprarlo sin luces, sin marcha, sin toldo. Siempre y cuando fuera negro, la lista de “opciones” era de 2 o 3 renglones.


Ahora compara ese modelo T con un Lincoln Continental de hoy en día, que hasta las puertas se abren y cierran solas.  (No hay un Ford sedán grande de momento, por eso escogimos este otro ejemplo).

Ni Renault en Francia se salva de ese fenómeno de “crecimiento en tamaño y complejidad”. De su sencillísimo y frágil (aunque avanzado) “Cinque” hasta un Clio actual, hay un mundo de diferencia en tamaño y contenido. ¡No se diga en interiores!

MÁS COSAS

Y no es que “hoy se usen más equipos” por su complicado funcionamiento (que sí, claro) como el sistema electrónico de combustible que obligó a instalar una computadora, sino que además los clientes piden más cosas; los coches se han vuelto una especie de celulares donde quieres tener una pantalla donde saludar a tus amigos y ver hasta partidos de fútbol. Si un coche actual no ofrece conectividad, nadie ni lo voltea a ver.
Las exigencias de seguridad han obligado a meter más refuerzos en cada costado, que pesan una barbaridad  e incluso los ejes independientes y los frenos de disco, la dirección eléctrica, computadoras cada vez más grandes con sus sensores y actuadores, etc., todo eso contribuye a un paquete más grande, más pesado y… más costoso.

Aun descontando la depreciación de la moneda, la paridad y todos los factores financieros, un vocho de los 70’s costaba $25,000, que representaba 40 veces el salario mínimo mensual de la época. Hoy un  Kia Rio (equivalente actual en posición de mercado ) representa 102 veces el salario mínimo.

De una vez aclaramos -porque saltarán economistas  a decir que nuestros cálculos son huecos- que sí, son huecos, no precisan de más para este efecto- pero la desproporción es brutal. Porque son coches mucho más grandes, mucho más equipados y mucho más complejos.
NOSOTROS mismos los hemos pedido así. Y no le echemos la culpa a “los OTROS”.

Porque, hablando filosóficamente…
“Los otros somos nosotros, vistos desde el punto de vista de aquellos”. 

 

Gabriel Novaro

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