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A Prueba: VW Golf Highline

El “Plan A” les salió perfecto.
Ahora queremos saber cómo va el Plan “B”

 Aunque rara vez nos saltamos la oportunidad de examinar con lupa al Volkswagen Golf, nuestro juicio se empaña porque este coche –igual que su hermano de tres volúmenes- siempre está envuelto en un aura emocional muy fuerte: sus fans lo adoran y sus opositores lo odian.

Cierto es que en el mundo de los coches también hay “partidos” y “equipos” como en el fútbol. Y VW siempre está en la boca de los hinchas de uno y otro bando. A favor o en contra, pero con mucha emoción y vigor.

Y si en algún reportaje insinuamos que uno de ellos nos gustó –o nos disgustó- de inmediato saltan los opuestos a decir que somos unos vendidos.

No obstante, a juzgar por las ventas globales de estos autos, que estamos tentados a decir que son lo mismo entre sí, pero radicalmente diferentes en su comportamiento, el “Plan A” de VAG funciona perfectamente.
Es que los alemanes así son, planean y planean, estudian y estudian y finalmente ejecutan y ejecutan. Y el producto sale tal y como previó el plan.

No del todo y no siempre, como ya veremos cuando lleguemos a la combinación de la transmisión DSG y el turbo.

Pero casi.
Mas eso lo veremos más adelante, sigan leyendo y no coman ansias.

 

Cada vez que le ponemos las manos encima a un Golf (cualquier Golf), nos encontramos con sus fortalezas básicas -una estructura sólida, un interior impecablemente acabado y una suspensión cómoda y capaz- que siempre serán bienvenidas a cualquier precio. Y desde luego, su valor de mercado, es decir, su indiscutible atractivo en la reventa, cosa que VW domina a la perfección.

Y cierto, hay más criterios positivos como la dinámica de conducción satisfactoria y la ejecución precisa del producto sin variaciones ni sorpresas (el “Plan A” que se cumple al pie de la letra, decíamos).

Algo que no vamos a relatar son los equipos que le ponen a bordo. Si leyeron “Una cosa es el coche y otras lo que le ponen”, en el que Herr Editor despotricó hace unas semanas, desde luego que este auto trae hasta la mano del metate como estándar, como un volante forrado en cuero, una pantalla táctil de 6.5 pulgadas y decenas de cosas más. Pero son “cosas”; cualquier marca le puede poner esas mismas “cosas” a su coche y eso no los hará idénticos a este Golf.

Es un coche perfectamente previsible porque el Plan A lo dictó así desde el principio.
Y porque se maneja como un verdadero Golf. Que ese es SU principal chiste.

Hay mercados –como el americano mismo- donde VW compite también por precio.
Aquí no. VW nos vende sus coches en lo que sabe que la gente está dispuesta a pagar, no en lo más bajo que pueda. Eso también nos deja ver su estrategia.

Su precio, no obstante, no tiene ningún efecto en la pista de pruebas, por supuesto. El turbo cargador de baja inercia en el de cuatro cilindros TSI de 1.4 litros avienta sus 150 potros de fuerza (no hablemos ahorita de las libras-pie) y las relaciones de transmisión DSG (automática) de siete velocidades son —no se convierten en— más ni menos por cada peso que pagues. El agarre en curvas de 0.83g deja igual cantidad de hule embarrado en el asfalto que si costara más.

Porque, aunque es lo más importante, el desempeño medido objetivamente constituye sólo una parte de nuestro aprecio por el Golf, sin embargo. Asuntos subjetivos como la forma en que la suspensión absorbe las cosas horribles que uno se encuentra en las carreteras nacionales, mientras que mantiene al casco plano y controlado al doblar fuerte en curvas o esquinas, el tablero impecablemente montado y la capacidad de carga increíblemente práctica dentro del cuadradote escotillón, nos atraen a VW una y otra vez. Dicho esto, algunos menosprecian la silueta angulosa y repetitiva, que apenas ha cambiado durante décadas. Y que, además, parecen calcas de un escalón a otro, desde el Gol hasta el Passat.

Ah, pero es que toooodo eso es parte del Plan A. Lo que no les salió bien fue adivinar, desde allá en el Coyoacán alemán…

Wolfsburg=lugar de lobos

Coyoacán= lugar de coyotes

…o sea lo mismo pero en diferente idioma).

 

Decíamos, adivinar que, en efecto, Wolfsburg NO se repite en Coyoacán. Y que el asfalto mexicano no es igual al alemán. Ni manejamos igual. Ni que las rampas mexicanas pueden ser diferentes y “raras” para los estándares germanos.

Nunca se les ocurrió –al hacer el Plan A- que en México hay una revista cuyas cocheras (dos, una en CDMX y otra en Cuernavaca, que son los establos donde duermen los coches que tenemos a prueba) tienen una rampa en su entrada. Y que a veces (ay, ese Plan A) a algunos coches les toca “dormir” en plena rampa cuando estamos llenos. Y que uno de estos fue el Golf Highline que, con su turbo, su caja DSG y sus protecciones electrónicas, decidió que salir de la rampa en reversa iba contra sus principios.

Todo fue inútil.
Pones R y aceleras un poco.
El coche detecta algo raro: Was ist loss? (¿qué es esto?) ¿una rampa de 25°?
¡Eso es inaudito! dice la computadora. Entonces, para salir, aceleras más.
El coche se alarma, se resiste, solito baja las rpm y comienza a gritar (bueno, sale una advertencia en su pantalla) “¡Peligro! ¡Riesgo de sobrecalentamiento de la transmisión!”Y bueno, uno se espanta y le suelta.

Va de nuez. Nada. O mejor dicho, igual.

El coche no se deja, nomás no se deja; una y otra vez no permite que suban (pata a fondo) las rpm necesarias para alcanzar el suficiente empuje de aire (del turbo) que le ayude a reunir el torque necesario.

De pronto descubrimos que, tras 10 segundos sin soltarle pata a fondo (pero sigue en 1000 rpm) en R y que no se mueve y no se mueve y no se mueve y además sigue “gritando”, el coche de repente sube las rpm a 3000 y brinca 5 cm para atrás.

¿Se asustó? ¿Lo agarramos por sorpresa?

Pero al medio metro se vuelve a detener y a bajar el ritmo a 1000 rpm.
Y nos vuelve a regañar.

Así de brinco en brinco, logramos remontar medio metro.
Nos faltan dos metros más.

Tras cinco intentos, desde el establo el jefe nos chifla a los que estamos trabajando serenamente en la oficina. “¡Vengan todos, hay que empujar!” Y ahí vamos todos, a empujar muertos de miedo por los súbitos brincos que pega el coche. Y por fin, “así por las buenas” y más bien por las ocho manos ayudando, por fin sale.

Hmmm… y en eso nos acordamos que nos pasó exactamente lo mismo con el Polo GTi y con la CrossGolf. A partir de ahí, todo turbo 1.4/DSG/gritón que nos llegue, dormirá en casa de nuestra editora María Krebs, cuya cochera está cerca y en planito y de todas maneras los que andamos en pruebas siempre pasamos  a robarle café.
Y santo remedio.

Nuestra sugerencia es invitar al cuerpo de ingenieros de VW (a los de allá, en Alemania)  a que vea cómo son de raras algunas cocheras en el país y que se enteren de que a veces, a los mexicanos se nos ocurre –o no queda otro remedio- dejar un coche a media rampa.
Para que así desarrollen un “Plan B” que les permita  a sus coches salir galantemente.

Si tú NO tienes un garaje donde tu Golf va a quedar de bajada y tenga que salir de reversa, este Golf es perfecto.
Lo juramos, su manejo es impecable, la unidad que nos entregó VW ya tenía casi 10 mil km y no tenía ni un ruido; el rodamiento es comodísimo y la calidad de materiales exactamente lo esperado. La silueta tal cual, sigue la nota de Wolfsburg, severa, perfecta y al día.

Y los elementos técnicos también: cada uno y por su parte (turbo de baja inercia, cada de doble embrague, motor 1.4 y dirección sabrosa y precisa) son fantásticos.

En otras palabras, el “Plan A” les salió perfecto.

Pero sería bueno que nos digan (por si nos compramos una casa con garage de rampa) dónde está el plan “B”.

 Staff

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