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A Prueba: VW Tiguan 2018

¡La nueva VW Tiguan en manos de Motor y Volante!

En la cima de la montaña

 

Si bien no hace mucho les presentamos la primicia del lanzamiento del nuevo Tiguan en México, con unas primeras impresiones bastantes favorables, nos sucedió algo todavía mejor y es que salimos favorecidos con el envío de un modelo (ni placas traía) para poder probarlo como corresponde al estilo que solo Motor y Volante tiene.

Así que hicimos ajustes en nuestra agenda y preparamos una serie de pruebas que, aunque la idea era conocer un poco más las capacidades del vehículo, terminó siendo un agasajo para nosotros, bueno, para el charrúa que no suelta el volante ni para comer.

Por terco, quiso salir rumbo a Puebla a la hora del tráfico, para ver el consumo del motor de 2.0 litros de 180 caballos de fuerza con 236 libras pie de torque. Además, quería probar el modo ECO, con el auto start-stop y la función de frenado automático (auto hold) y cuanto botón se le pudiera picar.

Lo mejor fue su consumo de 12.7 kilómetros por litro (recorrimos 22 km en una hora). En ciudad y sin tráfico, fue de entre 11.4 y 12.4 kilómetros por litro, a una velocidad constante (norte a sur de la ciudad por periférico). Quien obtenga más que eso, que nos venga a hacer de chofer.

De hecho, como dato interesante, trae una aplicación que se llama Think Blue Trainer, que va evaluando el manejo y dando el consumo. Está interesante si estás aburrido y ya no sabes qué botones tocar dentro del habitáculo.

Con un poco más de espacio y saliendo ya a carretera rumbo a Chalco, pudo comprobar que no solo era buena en el tráfico, sino también a ritmo de carretera, es decir, 110 km/h. (Risa socarrona).

El control de crucero y el modo eco o normal hacen una sincronía perfecta con la caja de 7 velocidades y, casi sin darse cuenta, uno realiza los cambios y es sumamente silenciosa.

Al terminar el primer tramo de la navegación (siendo hijo de piloto y pupilo de Herr Editor, realiza la navegación y planificación de sus pruebas) estábamos en Amecameca.

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Hasta entonces habíamos tenido chance de ir disfrutando del espacioso interior, tanto los de la fila de adelante como los de atrás y, aunque parezca chiste, aun los adultos de 1.75 m, atrás parecen niños y no llegan a la mesita de servicio que le pusieron.

Los asientos de clase turista tienen la capacidad de ajustarse en distancia y en inclinación, lo que se agradece mucho. Incluso se ofrece la opción de pedir una tercera fila de asientos para los que necesitan llevar más tripulación.

Pero volviendo a los interiores, la calidad, para ser justos, es de un nivel superior al que esperábamos, sobre todo recordando el modelo que viene a sustituir. Era de esperar que lo nuevo fuera mejor, solo que no lo creíamos tanto.

Todo es suave y acolchonado al tacto, sus acabados perfectos y simétricos hacen que la cabina sea un lugar sumamente agradable. Hay tres zonas de calefacción/aire acondicionado, así como una pantalla táctil de 8 pulgadas que te permite controlar varios aspectos y tener información inmediata sobre el estado del vehículo, su consumo y demás aspectos del Info entretenimiento.

 

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En esta versión que nos tocó probar estamos en las antípodas respecto del primer contacto que era, por así decirlo, la versión de entrada; pudimos apreciar y disfrutar el techo panorámico de cristal, un delicado cuero con sus costuras a la vista, el motor más grande (aunque luego haremos una aclaración al respecto), asientos calefaccionados, luces led, sensores y lo que más la distingue, su tracción integral.

Sí, esa misma tracción integral que si no vas a sacar al auto de la ciudad puede no tener sentido, que te sumará peso y no te dará un buen rendimiento de gasolina pero que, a la fuerza, por ahora si quieres todo el lujo debes aceptar. Sin embargo, ya verás que no todo es malo, espérate unos párrafos más.

En Amecameca (Estado de México) y parada técnica previa, partiríamos a la que, sin saberlo, sería una de las partes más divertidas del viaje, el camino hacia Paso de Cortés en el Parque Nacional Iztaccíhuatl – Popocatépetl (deberían oír al uruguayo intentando decir esto).

Como verán en esta imagen, son 15.6 kilómetros de puras curvas, una carretera estrecha, pero en muy buen estado, que exige no solo concentración y habilidad del piloto, sino también tener un auto bien balanceado, una caja de velocidades rápida y unos frenos que no se fatiguen.

Así que Nicolás acomodó un poco más el asiento, pretensó manualmente el cinturón (una costumbre un poco rara), seleccionó el modo sport y apoyó las yemas de los dedos sobre las paletas selectoras de velocidad.

 

Iba a ser una prueba de fuego ver cómo se comportaba el Tiguan y, a una hora todavía decente, pero entre semana, nos asegurábamos poco tráfico; no somos tan inconscientes como para ir ocupando los dos carriles y menos queríamos ir atrás de un camión todo el trayecto.

Pasando un pequeño pueblo le pisó a fondo y se dirigió hacia la primera curva. Su método es ir de menos a más; primero, para ir conociendo cómo se comporta dinámicamente la camioneta, si los cambios descendentes entran a tiempo y cuánto recorrido tiene el freno en distintas circunstancias.

La distribución de pesos en las frenadas debe ser precisa. Mientras vamos aferrados, él intenta explicarnos que se debe frenar en recta, nunca en la curva, para no desbalancear el vehículo y que la propia inercia que llevamos no nos saque de trayectoria.

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Incluso sería propiciar subviraje al pasarle más peso al eje delantero y exceder la capacidad del neumático en su adherencia (como alguna vez hablamos del círculo de Kamm); de igual forma, si te paras en el freno, el eje trasero queda suelto. En fin… así nos traía entre el aburrimiento de la cátedra y el vértigo de las curvas.

Y cumplió, para cuando íbamos por la mitad del camino (según marcaba nuestro GPS, que le servía además de hoja de ruta como en los rallies) ya le había tomado más confianza y notó que ni la caja ni los frenos acusaban el esfuerzo, así que ahí siguió dándole y solo dijo una frase mientras enlazaba las infinitas curvas: “miren qué lindo paisaje, no parece, pero creo que vamos subiendo bastante de altura”.

Casi con ganas de regresarle el desayuno nos dice, “ya casi llegamos”. Por suerte, pensamos y suspiramos, pero sonriendo dijo, “quiero guardarme algo para cuando nos vayamos”.

Una vez registrados en el parque, procedimos a la segunda parte de nuestra prueba, subir lo más que se pudiera dentro del vehículo en el parque, ya que somos de los que hacen turismo, pero sin querer caminar.

Afortunadamente para nosotros, había llovido y el camino, aunque está en buen estado, era de tierra, lava y lodo. El policía de la puerta nos dice, “uh, joven, blanca su camioneta y con todo ese lodo, a ver si no hay que ir a sacarlo”. Qué iluso, pensó el charrúa, sonriendo y agradeciéndole su preocupación.

Ahora tocaba usar el otro de los cuatro modos, el de off-road (normal, sport, off-road y nieve), que claramente es para ir despacio, el motor revoluciona más y envía el torque a donde se necesita, desactiva el control de tracción y hasta los sensores de punto ciego (qué susto nos dio cuando empezó a chillar el tablero diciendo que no funcionaba. Todos nos miramos, pero no hicimos nada, hasta que entendimos que asume que vas a estar pasando cerca de objetos y que no tiene sentido esa función).

Como dice la canción de moda, pasito a pasito fuimos subiendo desde los 2,500 metros hasta donde más se pudo, esquivando piedras, vados, zanjas repletas de lodo y charcos, donde se notaba que más de uno había tenido que ser rescatado y donde otros habían decidido dejar sus carros para no arriesgarse, y caminar.

Nosotros, como reinas de la primavera, en nuestro elegante carruaje (que todavía seguía bastante blanco) nos fuimos abriendo paso durante los casi ocho kilómetros que separan el ingreso del parque hasta “La Joyita”.

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A no engañarse con ese recorrido que puede parecer corto, pero lleno de aventura en cada charco o lodo y que además sigues subiendo en metros. Por suerte, gracias al turbo (que aun a esa altura no acusa gran lag) no tuvimos problemas.

Habiendo llegado hasta donde queríamos, bajamos a estirar las piernas, a tomar las fotos de rigor para que ustedes se deleiten y a emprender el regreso.

Un guía que nos vio desde el principio exclamó, “¿cómo?, ¿ya se van?” Sí hombre, que está muy bonito, pero a nosotros nos gusta más manejar que caminar.

Y ahí vamos de retache otra vez, solo que ahora ya con más experiencia íbamos a ser un poco más intrépidos buscando hacer maniobras de aficionado, como meternos en la peor parte del lodo o buscar un charco enorme donde hubiera menos tracción para intentar poner a sudar al Tiguan.

No lo logramos y, aunque no lo crean, no nos frustró porque a pesar de la maña con lo que le pusimos las pruebas, sabíamos que las pasaría sin problemas. Este estudiante sí vino preparado a clase.

Entregamos nuestro boleto de salida (llevan control de cuantos entran por aquello de que se pierda alguno allá arriba) y mientras avanzábamos, vimos al policía que estaba tan preocupado. Bajando el vidrio, nuestro poco humilde charrúa le dijo “¿no que me quedaba allá arriba?” Entre dientes y forzada, esbozó una sonrisa y nos saludó (aunque pareció más otra cosa).

Y fue así que, mientras discutíamos el desempeño off-road y la pintoresca anécdota, nos la volvió a aplicar sin aviso y se dejó ir como gorda en tobogán. “Ahora sí van a ver lo que es bueno”, dijo entre risas, y no era mentira.

A pesar de que íbamos rápido, no se sentían violentas las maniobras, en ningún momento la camioneta —como uno esperaría de un SUV— nos hizo sentir su alto centro de gravedad, no había lancheo ni body roll y, siendo de bajada, la exigencia en frenos sería aún mayor.

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Nunca lo vimos tan feliz a este niño y lo dejamos ser, total, íbamos muy confiados en sus capacidades y las del Tiguan. Decimos niño porque, para cuando lean este artículo, él habrá cumplido un año desde que se integró formalmente a la revista y, si lo comparamos con los 35 de trayectoria de Herr Editor, es un niño.

Ya a ritmo carretera y de tráfico, entrando a la ciudad, como novia comenzamos a buscarle los defectos, porque no todo en esta vida es color de rosa.

Le criticamos esos escapes falsos que se ven bonitos de lejos, pero cuando te agachas a ver la suspensión, te das cuenta de que los verdaderos escapes son dos tubitos que están escondidos ahí atrás.

En el compartimento central, el apoyabrazos podría ser un poco más largo para que realmente se pudiera usar como tal. Sentimos que, teniendo una capacidad de carga tan grande, deberían incluirle una red para sujetar cosas. Ahí iba la cámara, el tripié y todo moviéndose como frijol en olla grande.

Nos gustaría que todas las opciones trajeran faros de led y no de halógeno; quizás incluir la caja de 7 velocidades en todas las versiones y que también revisaran ese tema del que tanto nos quejamos con las DSG, que a veces al arrancar desde cero en pendientes pronunciadas (de frente o reversa) no saben qué hacer y tienes que estar ahí con el otro pie en el freno.

Sobre el motor, nos quedó desde el inicio una acotación: la verdad es que, para un uso diario normal, el 1.4 litros con 150 hp no canta mal las rancheras. No decimos que no se note o agradezca, pero no es tan crítico y si estás en un presupuesto, pero aun así quieres una, puede ser tu gran oportunidad.

Habrá quienes objeten por el precio, diciendo que en el rango que compite hay opciones más accesibles y tendrán razón, pero si te pones a evaluar el conjunto y lo que ofrece en conjunto el nuevo Tiguan, te darás cuenta de que vale la pena.

En la presentación se nos indicó que no buscaban ser la opción más barata del segmento y con justa causa, cuando tienes un producto así de bueno no hace falta rebajarte, el verdadero conocedor te buscará y pagará por llevarse un vehículo que solo le dará satisfacciones.

Nosotros quedamos, como habrán notado, ampliamente satisfechos y creemos que al menos por otros diez años este vehículo será la referencia en el mercado a la hora de comparar todo lo que es capaz de lograr. Puso una varilla muy alta para medir y si las demás marcas no se aplican, les irá como en feria.

Sin duda alguna, ahora sí que Volkswagen se quedará viendo desde arriba al resto y reirá como nosotros cuando nos dijeron que no podríamos lograrlo.

 

NBP

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