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Rolls-Royce celebra su Goodwood Festival

Antes que nada, déjenos decirle que nos encantaría reproducir este comunicado en su idioma (y estilo) original. Por la clase y elegancia que distingue a esta marca (y a ninguna otra)  cuando se comunica en su propio lenguaje.
Pero imposible, así que tendrá Usía que conformarse con nuestra modesta y lamentablemente recortada, traducción. (Si la quiere ver completa, escríbanos)

 

Rolls-Royce, la marca que inequívocamente se asocia con la elegancia, aprovechó su espacio en las forestas de Goodwood -denominado Laundry Green, o campo de lavandería, no muy lejos de dónde Robin Hood hacía sus correrías- para mostrar su nuevo “Dawn Black Ladge” (“Emblema negro del Amanecer”, literalmente) al lado de sus otros dos modelos de producción a mano y limitada, Wraith Black Badge y el Ghost Black Badge, con lo que atrajo verdaderas multitudes elegantemente ataviadas. (Nadie va de jeans a un evento de R-R, ¡por Dios!)

El nuevo Dawn se ofrece como el más “lujoso espacio social” (así dice) desde el cual tomar el aire fresco de la noche. La forma más glamorosa, no-obligada-por-nadie-a-ser-como-es, de rodar sin un molesto toldo encima. Este, por cierto, para abrir o cerrar, se desliza en un movimiento llamado “Ballet Silencioso”  que enmarca el color -oscuro, desde luego- de las capas de pintura y pulido aplicadas de tal manera como ninguna otra marca lo hace, con los colores sólidos.

No podía faltar sobre el césped un famoso ilustrador, Bradley Theodore, reconocido píntor de celebridades, que ahí mismo hizo retratos de los presentes más destacados con su exótico estilo de “Día de los Muertos” (sic), quien ahí vendió obras con inspiraciones de la marca, como del Espíritu del Éxtasis, de la historia de los Ghost y Silver Spur, entre otros.

El desfile – que incluyó remontar en un “hill climb” sin paralelo- no dejó fuera ni al exclusivísimo -solo hay uno-  “Sweptail”, que ya revisamos en nuestras páginas como el auto más costoso del mundo. De éste, R-R señala: el “patrón” (el no identificado cliente que lo ordenó) pidió un coche que rememorara los años 20’s y 30’s, exudando el romance de viajar por el simple gusto de hacerlo.
Este auto, por ser único, queda desde ya colocado en el “panteón” (en su acepción original, lugar de descanso de los dioses) de los “tourers” intercontinentales,
aclarando que, para los ingleses, todo lo que sea ya salir de su islita, se transforma en “intercontinental”.

No olvidemos que alguna vez, un inglés de bombín y bigote largo y retorcido como manubrio, sentado en su mullido sillón de cuero de su selecto Club en el corazón de Londres, no hace muchos años, al leer en el “Times” que había niebla tapando el Canal de La Mancha, se dijo “pobres europeos, se han quedado incomunicados”.

#BlackBadge #RollsRoyce “motoryvolante @motoryvolante

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