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Aquí comenzó nuestra Historia

Hace mucho, mucho tiempoo…

 

El 20 de noviembre de 1982, en los exhibidores de Sanborns y otros expendios de revistas del país, apareció por primera vez una revista de autos mexicana.

Sin duda, hubo otro intentos antes (incluso hubo un panfleto automotriz editado en los años 20’s) pero desaparecieron con la marcha del tiempo.

Esa fecha determinó la culminación de un esfuerzo comandado por un solo tipo (Herr Editor) que quería dejar de depender de los títulos extranjeros que nos llegaban. Y que además, ni siquiera describían correctamente los modelos nacionales ya que por razones de mercado, la incipiente producción nacional  limitaba las alternativas. Hasta los diputados metían las manos acerca de “cómo debian ser los coches mexicanos” …ergo, la prohibición de los motores V8 por “onerosos” y “despilfarradores”  aunque a cambio autorizaron motores seis en  linea mucho más grandes y gastalones que consumían el doble y rendían la mitad de la potencia. Los diputados no sabían -y seguro siguen sin saberlo- que el V8 es la configuración motriz más eficiente.

En ese extraño entorno salió el primer ejemplar y se agotó en menos de siete días, con gran júbilo de… pues de Gabriel Novaro (no había nadie más que se pudiera alegrar porque simplemente no habia nadie más).
Hasta los dibujitos lo hacía él, y metía en la mugre cajuelita, asientos y piso de su propio Lerma todo el tiraje para hacer las entregas a la Distribuidora de Impresos (M/V era la única revista mexicana que distribuían).
Solo meses después comenzamos a surtir también puestos de periódicos y revisterías, ya rentando un camión. Y luego ya fueron muchos camiones y hasta compramos camionetas propias.

En otras palabras, este primer número que ven es la obra (buena o mala) de un solo hombre.

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Ya para el segundo ejemplar apareció un puñado de aficionados que no solo la leyeron, sino que compartieron el sueño y quisieron contribuir al mismo.  Así, 6 voluntarios llegaron y tocaron en la pequeña puerta de la pequeñísima oficina en la chiquitita plaza de Chimalistac, en San Angel.

En menos de un mes ya teníamos diseñadores, manejadores, mecánicos,  metiches, una güera espectacular como secretaria así como opinadores diversos y se formó un club.

 

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Y todos estuvieron dispuestos a no cobrar ni un quinto, sobre todo porque no había ni un diez. Con tal de ver diario a Vera, que -por cierto- se coló en esta portada sentada sobre un Maserati.

Todavía nadie creía que la revista se convertiría en referente nacional (e incluso internacional al paso de los años) de la industria mexicana del automóvil.
Incluso a ésta (la industria) la tomamos por sorpresa al pedirles coches para prueba y nos veían como bichos raros. Nos “prestaban” el último modelo del Jefe de cada fábrica y nos veían salir con cara de desconfianza.
Pasaron 15 años hasta que comenzaron aparecer otros títulos, aunque parte de empresas impersonales que no les interesaban los coches sino ganar dinero.
Nosotros seguiamos haciendo las cosas de manera cada vez más profesional. Nuestras fichas técnicas eran hasta copiadas por las propias fábricas.
Sin cobrar.
Hasta la fecha, muchos colegas no nos creen que no cobramos nada.

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En Noviembre 20 cumpliremos 35 años, y de nuevo, estamos buscando voluntarios, pero esta vez para que escaneen uno o varios de sus ejemplares impresos (claro, si los tienen) para compartir el contenido con los lectores más nuevos. Hay miles de jóvenes que nos leen ahora en pantalla, y que ni siquiera sabían que comenzamos en papel. Y les da curiosidad aquel mundo de los Ramblers y los Dinalpin.

Ese sería nuestro mejor festejo, digitalizar (lo más posible de) la colección impresa para que podamos subirla a la biblioteca y cualquiera pueda compartir la historia completa, no ya tanto de una revista, sino de los autos mexicanos en su camino a la preponderancia mundial actual.
En M/V seguimos siendo muy poquitos (¡3!) y todavía voluntarios. Pero entre los tres le metemos más ganas que sumando las decenas de asalariados de otros títulos.

Porque tenemos un gran secreto: contamos con Ustedes, ¡nuestros lectores!

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