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No es lo mismo ponerle tenis a un camello…

…que correr en un alazán.

Hace muchos  años, Adolfo López Mateos, entonces Presidente de la República, ordenó la construcción de una primera y “novedosa” autopista entre la capital y Cuernavaca.

Dicen las malas lenguas que su orden obedecía al deseo que tenía de manejar su reluciente Maserati por una supercarretera donde pudiera rugirlo a gusto.
Ese  coche sí lo tenía (yo lo vi frente a mi casa infantil cuando iba a merendar con su cuate de la infancia, mi papá).
Pero otra versión -más seria- es que era visionario y sabía que pronto, ese iba a ser el medio idóneo de comunicación.

Por otra parte, su gobierno era “de izquierda moderada” y por lo tanto incapaz de crear algo que pusiera en desventaja a los pobres del país. Así que la dichosa autopista, para ser “parejos” debía iniciar y terminar su trazo exactamente en los mismos puntos donde empezaba o terminaba la carretera federal.
Para que aunque los de la autopista a partir ahí se arrancaran a 100, los de la Federal no sintieran feo subiendo a 40.

Lo que López Mateos no consideró es que dichos puntos fueron escogidos (en los años 30) para un trazo como se estilaba entonces, en que los ingenieros civiles alegaban que “había que subir a la cumbre lo más pronto posible para evitar rodeos sobre las faldas de los cerros”. No importan las curvas, pues.

Carretera_federal_95.svg.png

Y sí, la Federal subía rápidamente porque las curvas de todas maneras iban a ser cerradas, angostas y los coches con trabajos alcanzaban los 60 km/h.
La Federal 95 Tipo C era (es todavía) como un fideo enredado que al bajar igual de golpe llegaba a esos  puntos porque eran los extremos urbanos de ambas ciudades- en lo que se conoce como el Monumento  al Caminero en Tlalpan y Ahuatepec en Cuernavaca.
Así, la Autopista 95 “Tipo D” nace con esa absurda limitación. Por lo que para poder llegar exactamente a Ahuatepec,  con coches bajando a 100 o más, no podía tener esas curvas cerradas y había que extender su trazo hasta donde pudieran darse vuelta, volver a agarrar vuelito y regresar.

Ese lugar se llama “La Pera”, la peligrosa curva  donde después de haber bajado 6 km hacia Cuautla (alejándose de Cuerna) de pronto se da “vuelta en U” a 120° (provocando accidentes, claro) y se regresa otra vez con otros 6 km muy derechitos hacia su terca meta en… ¡Ahuatepec!

Si desde el principio la hubieran planeado bien, habrían determinado que el mejor lugar para “aterrizar” en Cuernavaca no era Ahuatepec sino Temixco. Ahorrándose la mortal “Pera” y poca cosa, 12 km de recorrido inútil.
Fue como ponerle tenis a un camello ¿no?

Pero espere, porque para colmo, HAY una  segunda joroba.

El “Paso Express” que se acaba de terminar haciendo 10 carriles apretados (¡diez!) sobre un Libramiento que trata de esquivar la ciudad con una panzota hacia el oriente  y que estaba planeado para 4 carriles pero ahora araña balcones y pisa tuberías para que quepamos todos.

Sin embargo, eso no es lo más grave, sino que el trazo sigue siendo el más largo posible, no el más corto posible.
¿Vas a Acapulco? Con todo y Paso Extress -que diga, express- sóplate 30 km extra.
Ahora te explico:

Para empezar, muchos ni siquiera quieren venir a Cuernavaca; su destino es Acapulco y el cruce urbano es una lata. Una lata no sólo por el tráfico local (bastantes bolas ya nos hacemos solitos los guayabos sin los turistas) sino la panzota que alaaarga nuestro camino.
Ooootros 15 km sin sentido cuando que se pudo hacer más corto y recto.

¡Y sí se podía!

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Como podemos ver en el trazo azul del mapa, siempre ha existido una tercera opción de camino,  que era tomando a la derecha en Tres Marías, no a la izquierda.
De hecho ya existen varios caminos rurales con un trazo casi perfecto para alta velocidad sin bajadas vertiginosas.  Se pudo (y puede) ampliarlos y modernizarlos sobre el deslave del Nevado de Toluca que baja suave, como si fuera una playa, plano, sin curvas y gradual.

Nomás que no llega “exactamente” al norte de la ciudad sino que terminaría más abajo, a un costado de Temixco ya rumbo al aeropuerto local (que hubiera sido fantástico: un aeropuerto alterno a baja altitud) -donde los aviones despegan más fácil, con menos gasto de combustible y más cupo- a unos minutos del sur de la CDMX.
Por eso actualmente salen de madrugada, por la poca densidad del aire de la CDMX, que sumada al calor del día les impide despegar a toda capacidad.
¿Y el nuevo aeropuerto?  ¡Está a la misma altura!

En pocas palabras, de un plumazo, ese trazo “pintado de azul” nos hubiera ahorrado a TODOS 12 km de viaje y de una vez eliminado la Pera. Y más aún, para los que se siguen a Acapulco, les hubiera reducido el recorrido ¡en casi 30 km y por lo menos media hora!

Hmm, y vuelos a Europa diurnos con Jumbos llenos, baratos, a sólo media hora de San Angel.

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