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Rolls-Royce. Había una vez…

Rolls-Royce Sweptail.
Uno solo.
Para solamente uno.

Como en los viejos tiempos, 1en1 significando no más de un hombre y una máquina.

Un hombre, cuya identidad la severa firma de Crowe no da más datos, pero de quien podemos suponer una de las cuentas de cheques más gordas de Europa entera, comisionó un auto para sí mismo y para nadie más.

El Rolls-Royce Sweptail es, sin duda, el auto más caro del mundo.
El más costoso que ha habido jamás.

Un auto que, además, nos lleva -no sólo a  él, a ese dueño, sino a  todos los que lo veamos- a los gloriosos años en que los autos se fabricaban, o por lo menos se “carrozaban” uno por uno y bajo especificaciones personales. No podía haber dos R.R. iguales, o dos Bugatti  o dos Delahaye que se vieran similares, deja tú siquiera parecidos.

Era la época en la que el rey Alfonso XIII,  o Marlene Dietrich o el mismísimo Rockefeller podían ordenar un coche  que tuviera su sello, si no es que hasta su marca. Y su diseño.

Esa época ha vuelto.

De identidad reservada, un individuo -de quien lo único que se sabe es que es un hombre, lo que descarta a las dos mujeres más ricas del mundo, las reinas de Inglaterra y de Holanda, entre ambas dueñas de Unilever para mayor referencia, y tampoco será Cruella de Ville quien se paseaba en su atronador Bugatti Royale en la famosa saga de “101 Dálmatas”- encargó un auto que rememorara al célebre “boat tail” de la marca del espíritu del éxtasis.

Es un hombre, lo suficientemente rico y sobre todo, lo suficientemente conectado para lograr que Rolls-Royce escuchara su voz y lo obedeciera. Quería su auto precisamente como les fue diciendo a los diseñadores del valle central de  Gran Bretaña de donde salen los coches más fastuosos del planeta. El color preciso. Y la garantía de que será el ÚNICO.
En el video que acompaña esta nota, se ve a los diseñadores e ingenieros de la marca “interpretando” lo que les iba diciendo su misterioso cliente. Pero, chín, no se le ve la cara!

Por no dejar, tiene una fastuosa consola central ya equipada con una champaña como no hay otra y dos finísimas flautas para disfrutarla al llegar al castillo. O al bosque de su propiedad. O al desierto del Sahara, donde… ¿reside?

Solo dos asientos, hechos a mano y con costuras vigiladas a milímetros por los ojos aptos de las costureras de la marca. Y una extensa, extennnnnnsa cola vidriada.

No hay mucho qué decir de este coche. Ni siquiera podríamos porque no han dicho nada. Pero R.R. sí se siente orgullosa de su obra y quiere que el mundo entero lo sepa. Un misterioso “08” adorna sus extremos pero… nahhh, ni modo que sea para el hijo de James Bond.

¿Tú sabes quién lo ordenó? (porque esto, ÉSTO, ya no es comprar, y ni siquiera adquirir. Es ORDENAR). Si lo sabes,  es que tú también perteneces a este exclusivo y discreto círculo del poder.

Ten, toma la llave del 09… ¿cómo lo vas a querer?

fuente: Rolls-Royce

 

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