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UNA COSA ES EL COCHE…

…y otra las cosas que le pongan

Perdón, pero tengo ganas de sacar algo de mi ronco pecho. Y no, no es catarro. Es frustración.
Desde que tengo uso de memoria como editor de esta revista, se me sube lo italiano (tengo un 49 %, pero pesa) cada vez que alguien expresa: “El Zutano Special es muy buen coche, porque trae pantalla de 11 pulgadas, rines de 18, ABS de 6 vías, EBS, JKL, MP3 y H2O, así como aire acondicionado de dos zonas, vestiduras cosidas a mano, y peor si dice de “piel”, se me figura como esas pantallas de lámpara que hacían los nazis con “piel” humana.
Y puede seguir con su lista de accesorios y “equipo”
Sin darse cuenta que eso es equivalente a decir que le gusta mucho una actriz  -digamos la Scarlett- porque “trae un vestido rojo de seda malaya, escote de 14 pulgadas y bordado de 3 vías”.
Lo importante de la Johannson no es su vestido, sino lo que viene adentro.
Si tiene buenas caderas, ojos tentadores, pechos firmes, pisada segura, el vestido ya no importa. Si camina cachondo, los tacones se vuelven secundarios, así sean con discos o tambores.
¿Sí me entienden?

Ni las pantallas, ni los accesorios, ni las vestiduras, ni la conectividad hacen mejor o peor a un coche. Son solo eso, accesorios. Te “tocan” a ti, no al coche.
Mientras que la concepción básica de un auto es la que le dará un buen uso a todo lo demás.

Un -digamos- Mustang de los 90, podía traer hasta la mano del metate encima. Cuero, motor gigante, frenos sobrados, rayas en el cofre,  aparato de sonido de 4 mil watts… pero todo eso iba a salir por los aires al subir la aguja roja hasta arribota y darle el desclochón, bajo el pretexto de hacer un arrancón.
El eje trasero tubular, rígido como muela de mamut, hacía que el coche no tuviera control alguno en manejo recio. Yo no iba a bordo  (me hubiera dado pena), pero lo vi saltar en la Mixhuca de un lado a otro de la pista con gran sobresalto de todo el público invitado que asistíamos parados a la orilla del asfalto durante la “inauguración” de una Copa Mustang o sepa qué cosa.

Un susto del carajo, para qué les cuento. Y yo ni siquiera estaba arriba.

A cambio, un BMW de esos mismos años, digamos un M3 (nomás para exagerar) podía escogerse completamente austero, aparte de lo poquito que necesitaba para comportarse como un dragón.
Yo mismo rodé -sin manejarlo- en uno que no tenía ni radio. Desconozco para quién era, pero me subieron de mirón (nomás porque era el único latinoamericano a mano, supongo) a darle una vuelta en el ring alemán (ya saben de qué ring hablo, ¿no? No el de la Arena Coliseo).

El coche no tenía ni vidrios entintados, para acabar pronto. Ni rayas, ni cromos, ni asientos de cuero. Eran de vil plástico. Yo no sé si el coche era de línea o si era orden especial. Pero ahí estaba, rojo como la sangre, bufando desde antes de subirme y para acabarla me treparon con un piloto que no hablaba más que alemán y yo que no (a partir de ese día comencé a tomar clases de ese idioma) así que nomás me agarré con toda mi alma y al pasar los 180 km/h, solita se me salió de la boca la oración de la virgen auxiliadora o algo así, que rezaba mi muchacha cuando yo era niño, sepa por qué.

Ya para cuando las tripas y las salchichas se venían asentando en su lugar, me di cuenta de que no era solo mérito del herr piloto ese, sino del estupendo coche pelón en el que venía a casi 300.

El coche venía absorto en lo que estaba haciendo. No tenía pantallas ni sistemas autónomos que atender. Estaba en lo suyo. Era, en pocas palabras, UN COCHE trabajando a todo lo que daba.

Hoy recuerdo esos dos espectáculos, los Mustangs de eje rígido y calabazo tronando furiosos y saltando como grillos y casi aplastando a los mirones, a la par del silencioso bólido color escarlata que me traía clavado y seguro en el asiento.

Por curiosidad, tras cada uno de esos eventos revisé las fichas técnicas  de cada coche. El del Ford era una laaarga lista de cosas inútiles y en un rengloncito abajo, con letra chiquita, describía su suspensión, como con vergüenza, supongo.

El papelito del béme nomás decía una E y un par de cifras. Y me regaló uno de los paseos más excitantes de mi vida entera. Años después, me subí a otro Béme -un serie 5 medio desvencijadón- que servía de taxi en París.
Diésel, llantas angostas, asientos forrados también en plástico. Lo acaricié, sentado atrás.

Me dije “éste sí es un coche”.
Y me prometí (y lo he venido cumpliendo) jamás dejarme seducir por los “accesorios y novedades” que ofrezca cualquier coche, cuando exista una alternativa honesta, sencilla y que sea no una buena compra, ni una buena inversión, ni algo para presumir sino simplemente, un buen coche.

Cuando compré un auto para mi mujer, hace poco, elegimos un Mazda 3i, el más sencillo. Al lado en la agencia, no dejaban de atraer mi mirada las linduras del spoiler elevado de un HB, sus rinezotes con llantas feroces,  las vestiduras con costuras a mano, o la pantalla enorme de colores que parece que estás en cinépolis cada vez que sales a la calle y vaya, ni el motor de 2.5 litros logró distraerme de mi decisión.

Un coche es un coche, mientras que lo demás que trae encima, es, es… como el vestido de seda de la actriz escandinava, una cosa que igual se la quitas que se la pones.
Lo importante para disfrutar …es lo que viene “adentro”

Gabriel Novaro

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2 Comments on UNA COSA ES EL COCHE…

  1. Gabriel Novaro // 17 July, 2017 at 22:46 //

    Muy interesante y sensato, Carlos. Gracias por participar!
    Gabriel

  2. Carlos M // 17 July, 2017 at 17:26 //

    Hola Herr Editor (Gabriel)

    Leí tu comentario un par de veces, y como tú , hay muchos entusiastas con ese mismo sentimiento hacia los coches, pero la industria no creo que considere a los entusiastas para definir sus productos.
    Entonces, si no eres un entusiasta, cómo poder identificar un buen carro, si ahora la industria está empecinada en convencer a través de los extras, .
    El grueso de los clientes, que son el negocio para las armadoras, no entienden de sistemas de seguridad pasiva o activa, de suspensiones, frenos o transmisiones, sólo se preguntan: les gusta?, que colores hay?, tiene controles en el volante?, tiene conectividad con todo?, gasta mucha gasolina?, servicios gratis¡¡ por la vida del carro? Y el manejo?, supongo será bueno o no lo venderian.
    Lo curioso es que los entusiastas del Mustang, tomando tu ejemplo, y a sabiendas que en otras épocas el carro era como una piedra, no les importa, porque son entusiastas.
    Entonces concluyo que entre los amantes de los carros hay como en las luchas, rudos y técnicos.
    Pero hasta los entusiastas quieren su carro para el día a día con la farmacia encima, y su gusto purista está aguardando para el fin de semana o el trackday o la expo o lo que sea para salir.
    Me parece que la industria camina hacia un concepto en el que es más importante lo que puedes hacer dentro del carro y no que puedes hacer con el carro.
    Veo en el futuro a estos carros especiales, como el M3 que comentas, igual que los caballos de hoy, pasarán de ser totalmente utilitarios a un articulo de lujo.

    Saludos cordiales,
    Carlos M

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