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SI MEXICO SE SALE DEL TLC ¿QUÉ PASA?

(sorpresa: ¡no mucho!)

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Nos han conducido a creer que si México (ya no solo por dignidad, sino por salud económica) abandona el Tratado de Libre Comercio de Norte América, nos carga el payaso.

Y no es así.

Antes de que se firmara, México ya comerciaba con otros países bajo las reglas del GATT (General Agreement on Trade and Tariffs) y luego de la OMC (Organización Mundial de Comercio) acuerdos que obligan a los firmantes a mantener ciertos límites en sus reglas de comercio internacional.

Esas reglas, por cierto, FAVORECIAN un poco a los países menos desarrollados (permitiéndonos cobrar aranceles ligeramente superiores a los que los grandes podían aplicarnos).

En aras de una mayor igualdad.

O sea, en muchos casos eran mejores condiciones que las actuales.

Cuando se consideró que México -al lado de sus vecinos EEUU y Canadá- ya podían regirse entre sí por mecanismos más rápidos, particulares y equilibrados, lo hicimos. Y lo firmamos.

En pocas palabras, “automatizamos” el proceso y eso agilizó los trámites de cientos de rubros.

Pero sobre todo, porque con el TLC nos impusieron reglas de conducta gubernamental (los güeros siempre han temido que les expropiemos “sus” cosas aquí) que impedían a nuestro gobierno repetir el numerito petrolero.

Ya con eso, las empresas multinacionales pudieron establecer plantas y servicios aquí sin temor a que les diéramos baje como en 1938 (petróleo) o en 1962 (decreto para la industria automotriz).

¿Por qué querrían hacerlo? Porque en primer lugar, fabricar en México les sale más barato (mano de obra y materias primas y además, cosa que casi nunca se menciona, el bajo ausentismo del obrero mexicano, que rara vez abusa:1-5% contra 15-20% del americano).

El mexicano no quiere perder la chamba.

El gringo ya sabe que tiene su “unemployment” asegurado.

En segundo, porque al ser firmantes de acuerdos con casi todo el mundo, desde aquí pueden exportar a Sumatra o a Inglaterra sin pagar impuestos adicionales.

En teoría, todos contentos.

Hasta que llega un Señor Zanahoria que está furioso con nosotros, vaya Ud a saber por qué.

Porque de lo que nos echa la culpa (déficit, empleos perdidos), no es nuestra, sino del cambio de la estructura laboral mundial: robotización, tecnologías de la información, cambio de producción a servicios, etc.

Ya las cámaras agrícolas americanas dijeron que con el TLC su producción y exportación se multiplicó como por magia. Los fabricantes de piezas industriales están encantados pues ahora ya le venden a todo el mundo a través nuestro y no solo a empresas gringas. (Aclaremos, “gringo” no es peyorativo ni exclusivo para los primos. Esa palabra existe desde el Siglo 16, antes que hubiera USA y simplemente quiere decir “el que habla algo -deformación de grieko- que no entiendo” y se usa desde Argentina hasta España donde no llegaron “gringos” con uniforme verde en la época de Pancho Villa).

Si México decide “salirse”, volveremos a una aplicación de aranceles normal y caso por caso, con límites de hasta 5% (mucho menos que el amenazanante 20% del Sr Zanahoria). SEGUIREMOS EXPORTANDO y muy posiblemente bajo condiciones mejores que las que no quieren imponer ahora.

A los que les va subir el costo y pegarán el grito es a los consumidores “gringos” que ya le mentarán la madre a su nuevo presidente.

No temamos (¿se oyó, señor Peña?) y actuemos.

Los mexicanos estamos listos y dispuestos.

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