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Ford Mustang GT Convertible 5.0: ¡Al Aire!

Hay pocas palabras que permitan asociarnos rápidamente con algún objeto, tan rápido como sucede con la palabra “Mustang”.

Y es que no están ustedes para saberlo, pero nosotros sí para decirlo y es que dios los cría y ellos se juntan; así como Herr Editor tiene un pasado aeronáutico, también nuestro Jefe de Pruebas es descendiente de un verdadero Piloto de avión Caza.

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Es así que, en nuestro muy particular caso, se nos dispara la relación al mítico North American P-51, el famosísimo avión de caza usado durante la segunda guerra mundial por los aliados.

Sobresalía por sus características tanto en potencia como en maniobrabilidad que le permitían combatir eficazmente a sus enemigos alemanes en el escenario europeo.
Además de ser poderoso era versátil.

Increíblemente más de medio siglo después, el nuevo Ford Mustang GT mantiene esas mismas características, ya que con las modificaciones en su suspensión trasera, al librarse del eje rígido y traer brazos independientes se ha vuelto un poco más europeo en su manejo, pero sin perder la esencia en su desempeño.

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Y es ese tenor del viejo continente donde su alado antecesor supo resguardar los cielos, que esta generación con ruedas ahora surca las carreteras, y con igual éxito: no en vano se ha convertido en uno de los más vendidos durante el recién terminado 2016.

El motor 5.0 lts. con 435 caballos de fuerza le permite erogar un torque (o sea, la importantísima fuerza circular, la de torsión) con unas  nada despreciables 400 libras/pie que al primer abuso o distracción en el pedal del acelerador, dejarán la marca de las llantas sobre el asfalto.

Mismas que estas calzadas sobre unos rines de 19 pulgadas que, aunque puedan parecer inadecuados para la ciudad en realidad no afectan el confort al rodar y porque quedan justos para mantener a esa cantidad de caballos pegados al piso.
Pues aunque el P-51 mandara sus 1500 caballos a volar, este coche prefiere mandar sus 400 directo al piso.

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El P-51D –el de mayor producción y éxito- usaba un motor Rolls Royce “Merlín” de 27 litros de desplazamiento (o 1649 pulgadas cúbicas)
El Mustang GT  -también el de mayor producción y éxito- usa una variante del igualmente célebre motor Tritón de Ford, quizá el más famoso y respetado de la marca, de 5 litros de desplazamiento (o 302 pulgadas).

Cierto es que esta versión convertible cambia un poco en su manejo respecto de la versión coupé, claro que su centro de gravedad cambia y sin necesidad de ver las fichas técnicas lo sentimos un poco más pesado. 

La rigidez torsional es distinta pero por suerte no es tan notoria como en otros convertibles donde otros autos se estremecen (si, así como las mujeres) al pasar por irregularidades y se “quejan” crujiendo por dentro.
Como las mujeres, decíamos.
El Mustang (tanto el coche como el avión) son machos y no se quejan ni se tuercen.

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Y hablando de sensaciones, es muy similar lo que se vive al subirse al Mustang. El tablero de instrumentos nos hace descubrir que también los diseñadores de Ford pensaban en el paralelismo con el avión ya que en el velocímetro le pusieron (¡en serio!) las leyenda de “Ground Speed”; y es que en este tipo de carros uno no va solo “rápido”, sino “volando bajito”.

Si te sorprende que en un avión interese mucho la “velocidad terrestre” (ground speed) aunque vaya en el aire,  recuerda que los aviones están sujetos a la velocidad y procedencia de los vientos, por lo que la velocidad real (“ground speed”) puede no corresponder a la velocidad aérea instrumentada.
Los sensores de velocidad pueden leer 450 km/h, pero si estamos volando con viento en contra de 100, nuestra velocidad real terrestre será de 350.
Por suerte, en el Mustang GT no tenemos que “sacar cuentas”.
El velocímetro ya lo presume: (ground speed!)

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Haciendo una revisión visual del resto del habitáculo vemos unas perillas muy bonitas que nos permiten accionar distintas cosas como las intermitentes, desactivar el control de tracción y elegir  los distintos modos de la dirección como de manejo.

Desde la cabina y al igual que en el avión, no vemos mucho hacia afuera, solo lo necesario y si nos esforzamos, el largo del cofre y el domo sobre el mismo nos recuerdan que tenemos a una bestia en reposo. Nomás le falta la hélice.

Hacemos nuestro lectura de cartilla pre-vuelo: lentes (Ray-Ban ¡gota de agua claro!), tag de casetas, tanque lleno de gas, cámara, con tripié, y mientars leemos el checklist, esperamos que nuestro copiloto de turno repita.
Que repita, carajo.
Pero no lo hace, no sabe de aviones el guey; en fin, nadie es perfecto.

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Al apretar un botón despierta la caballeriza y nos ponemos en marcha, el carreteo previo es despacio hasta que tomen temperatura tanto el aceite como también las llantas.
Por fin, la Torre de Control nos autoriza a despegar (…hoy Herr Editor amaneció medio mamón y hasta nos despide con goggles).

La mañana está fresca pero no como otros días, nos ha perdonado mucho el día y en una de esas hasta quizás tengamos buen clima y podamos abrir la carlinga de perspex, que diga, se pueda bajar el toldo de lona.

Nuestra ruta de navegación es básica, pero sin dudas divertida para poder poner a prueba no solo al vehículo sino también a su tripulación.

Recorremos el sur de la Ciudad de México hasta el norte del Estado de México, es un recorrido de casi 100 kilómetros, incluyendo autopistas y camino de montaña con curvas, que intentamos aprovechar para probar las distintas opciones de manejo que nos brinda el sofisticado sistema de dirección asistida eléctricamente que además de variar su comportamiento sobre la base de la velocidad nos deja escoger normal, confort y sport.
De igual manera los distintos reglajes en el modo de manejo, que son normal, sport, pista y nieve.

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Como dijimos antes, el andar es muy suave y nada de confort se ve sacrificado en post del desempeño que brinda el vehículo. Los pilotos del P-51 reportaban lo mismo; decían que volaba “más suavecito” que su colega el Spitfire inglés.

La cabina es gratamente silenciosa con capota cerrada (la verdad impresiona la capacidad de aislamiento) y muy decente con la capota abajo y vidrios arriba. Esa combinación es la mejor para poder ir dialogando dentro del auto y disfrutando de la canción de esta reseña, que como se podrán imaginar es “Take my breath away” de Berlin.

Si quieres oírla mientras sigues leyendo, haz clic AQUÍ

El Mustang no tiene problema en llegar rápido a los 100 km/h pero donde empieza lo divertido es en su capacidad de mantener esa velocidad o de incluso aumentarla cuando empieza la zona de curveo en la carretera, algo que simplemente antes era más arriesgado de hacer; hoy las diferentes mejoras ya mencionadas nos dan ese plus de tranquilidad mental y que además se siente en las manos y nos permite pegarle con las espuelas para que siga corriendo.

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Es muy intuitivo y solo siendo brusco en las maniobras o entrando muy excedido en la curva es que se “siente” un poco suelto, pero nunca en una etapa de pánico o en la que te sientes ya de “pasajero” porque el carro te superó.

Lo sentimos un poco pesado, quizás no tan ágil como esperábamos considerando las cifras de potencia y torque que maneja; ojo no nos mal interpreten, es un avión pero tanto peso para evitar que se tuerza el cuerpo le ha pasado factura.

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Para la toma de fotografías abrimos el cofre y nos sorprendimos con el peso del mismo. Claro, parece un tema de que nada nos conforma, porque pensamos que si lo ponen a “dieta” sería bajarle de calidad a los materiales empleados (menor grosor en láminas, protecciones y plásticos baratos) y si bien la relación de peso / potencia se inclinaría hacia esta última, ya se pondría en juego la posibilidad de “manejo” real del carro.

Qué queremos decir con esto último, que volvería a crearse el mito sobre un auto que se vuelve inmanejable salvo que seas la reencarnación de Steve McQueen y que sólo lo compras para presumir porque no puedes explotarle ni la quinta parte al potencial del carro.

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Hoy con este modelo es todo lo contrario, es un carro que perdona incluso las impericias o imprudencias que el piloto pueda cometer y claro, al ofrecer la más variada gama de sistemas electrónicos de control, permite disfrutar todavía mucho más de la experiencia de manejo sin necesidad de arriesgarse.

Este tipo de carros como solemos decir, se manejan también con el pie derecho y no solo con las manitas, aunque claro una vez que empieza a perder tracción hay que saber usarlas para no terminar abrazados a un árbol o mirando para el lado opuesto al que veníamos.

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Las cosas destacables son varias en donde sin duda el espacio de la cajuela en donde el techo de lona plegable no afecta la capacidad de carga y a su vez también el hecho de que tenga un doble piso en donde puede ir una refacción de tamaño “normal” que seguro le ahorrará el dolor de cabeza a quien pueda ocuparlo. Claro la contra es que por el diseño de las calaveras se angosta la entrada y habrá que maniobrar mucho con bultos que sean más anchos, nada grave realmente.

Los acabados del interior así como la calidad de los materiales están a la altura de la historia que representa y los asientos de cuero en esta versión son deportivos de cubo hasta con ventilador en verano y también calefacción en invierno para aquellas partes nobles o redondas según venga el tripulante.

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Una peculiaridad es que el tanque de gas es “capless” -es decir sin tapón-, algo que no habíamos visto antes y que sin duda es muy pintoresco. Asumimos que debe tener alguna utilidad o por tema de seguridad, pero nosotros la desconocemos, solo nos espantamos cuando el pistero en la gasolinera nos dijo “oiga patrón le robaron el tapón”.

¿Qué no nos convenció? …el acceso a las plazas traseras es un poco difícil ya que si bien los asientos delanteros se reclinan no se mueven hacia adelante y no da el espacio necesario para pasar sin contorsionarse. Ya una vez sentados solo es para niños; un adulto de tamaño “normal” se sentirá claustrofóbico sentado ahí. Eso sí, ya que haya llegado ahí  estará muy cómodo porque los asientos son individuales y con sujeción lateral, igual a los de adelante.

Es bastante ancho así que mide bien tus maniobras y procura tener una cochera grande, si no será un problema guardarlo, de igual forma vete acostumbrando a los puntos ciegos en el poste C y la ya mencionada falta de visibilidad pasando la fascia delantera.

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El tema del consumo de gasolina (Ay, Dios! esto fue escrito antes de enero 1°) en un vehículo de este tipo no debería ser un tema a tratar pero vale la pena destacar que nuestro consumo después de una semana de uso fue de 19.5 litros cada 100 kilómetros, nos fue mejor de lo que esperábamos.
Por cierto, ya nos aburrimos de usar la metodología americana de consumo (mpg o kpl) y comenzaremos a usar la oficial métrica (l x100 km).
Igual en todas las sumas, con el punto o coma decimal, que solo los gringos, nosotros y los guatemaltecos seguimos usando el “punto” decimal. En el resto del mundo ya es coma, y el punto se convierte en nuestra coma.

Así que abusados al leer.

Dentro del variado menú del panel de instrumentos, viene hasta la opción de track apps, que permite controlar tiempos y hasta ponerle la opción de quemar llanta en línea recta… increíble, están en todo para que uno se pueda lucir y quedar bien para el show sin acabarse el carro en el intento. Nomás les faltó poner un reglaje para medir el “ascenso a 20,000 pies” (que en el P-51 era de 7 segundos).

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Los discos ventilados en las 4 ruedas permiten detener el carro bastante rápido, aunque aquí creemos que también le afecta el peso total. No es que no frene, sino que nos gustaría un poco más de proporcionalidad contra la capacidad de aceleración. ¿Quizás unos más grandes?
Si bien es cierto que la inercia de una masa  -a mayor peso y velocidad-  no se puede eliminar así nomás.

La pantalla de LCD de 8 pulgadas con el Sync 3 son cosas que se agradecen mucho, no creemos que sea preciso reparar mucho en ella, solo destacar que no importa el ángulo en el que esté el sol, la pantalla siempre se lee, increíble.
¡Y estamos hablando de un convertible!

La caja de velocidades de 6 relaciones hace su trabajo muy bien, sólo que las automáticas no nos gustan y menos en un vehículo de este tipo, pero para los Mustang convertibles no hay otra opción: ¡lástima Margarito!

Nos hubiese gustado que algún control dentro del auto nos indicara cuando el techo ya se plegó al 100% y es posible seguir la marcha y de igual manera cuando se cierra que ya es posible trabarlo mediante la manija en forma manual. No podemos decir que el viejo P-51 tuviera esta función, pero la creemos práctica. Y como el avión podía ya venir en llamas, ¡vital!

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De las cosas graciosas que nos pasan mientras probamos vehículos es ver como muchas personas nos ven ya sea cuando estamos tomando fotos o como cuando somos un simple compañero más de trayecto por la carretera, pero da mucha satisfacción cuando un coetáneo del Mustang nos alcanza en un modelo antiguo y nos hace la señal de “OK”. Simplemente nos arranca una sonrisa y aunque el carro no sea nuestro nos dice que las cosas van por buen camino en este mundo tan ecológicamente amigable con la existencia y supervivencia de los V8’s.

En resumen y como podrán ver por lo extenso de este texto, el Mustang nos gustó y por sobre todas las cosas nos hizo un flashback a nuestra juventud con alas en donde aprovechábamos  cualquier oportunidad que teníamos de subirnos a un avión; pues las sensaciones son las mismas solo que ahora despegamos no sobre 3 sino con 4 ruedas y ya arriba no rodamos rápido sino en vuelo rasante .

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¡Despegue!

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About Nicolás Bachechi Pavone (68 Articles)

Director de Pruebas – Revista Motor y Volante.

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